El pulgar oponible

June 9, 2011 - 11:17 pm 1 Comment

Por Noé Cárdenas*

Y entonces, no bien había amanecido, cuando los teléfonos celulares, ahora transformados en smart phones, sobrevinieron como hunos en la vida cotidiana y se asentaron como la plataforma idónea para catapultar a las redes sociales.

Jamás se había visto tan masiva a la comunicación masiva. Las nuevas deidades tecnológicas requerían sacrificios que los multiplicados usuarios entusiastas -en India ahora había más móviles que inodoros- realizaban sin siquiera darse cuenta de lo que sacrificaban: “gozarás de absoluto acceso a la información, pero no reflexionarás”; “estarás comunicado permanentemente de tal suerte que el día y la noche desaparecerán de tu universo, pero no podrás conversar, no podrás hablar-mirando-a-los-ojos ya nunca más”.

Reconcentrados en los minúsculos teclados querty de mano, a los usuarios qué les iba a importar reflexionar -que reflexionen los wiki-nerds-, ni les iba ni venía la conversación, eso era cosa de ancianos en los cafés de las películas antiguas, de la época cuando se fumaba; lo “de hoy” era publicar el mayor número de fotos atrevidas de la vida pública y privada, indistintamente, sin escrúpulo alguno y lanzar comentarios al estilo lo-primero-que-se-te-venga-a-la-mente, entre más evocador de letra de canción o de cliché fílmico o televisivo mejor. Eran los tiempos de la impudicia como virtud.

Mientras el ingenio suplantaba definitivamente a la inteligencia y la erudición trivial sustituía al razonamiento, algunos adelantados con poder tuvieron la visión de que semejante avalancha informativa serviría para implementar un sistema de ventas personalizadas muy sofisticado, y otros más imaginativos decidieron almacenar todo ese ruido endemoniadamente fragmentario y veloz en las bibliotecas, esperanzados en que en el futuro se inventen sistemas que detecten frases y expresiones y sepan interpretar los sentimientos, las emociones y los estados de ánimo de la especie en determinado momento o periodo de la Historia.

La mecanografía se convirtió en un saber antiguo, casi tanto como la escritura manuscrita, y se empezaron a diseñar adminículos para enmendar, reconstruir o de plano suplantar falanges, tendones y músculos que anteriormente habían conformado el pulgar oponible.

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*Noé Cárdenas. Escritor, editor y crítico literario. Dirigió el suplemento Sábado del diario mexicano unomásuno.Es colaborador de la revista Nexos (México). Twitter: @Noedrus. Es colaborador de http://www.gacetacariatide.blogspot.com Cuenta un blog bastante consultado en México http://www.asaltodeletra.blogspot.com

One Response to “El pulgar oponible”

  1. VERÓNICA CASTREJÓN Says:

    Excelente reflexión sobre la transformación anatómica del ser humano ante estos utensilios “comunicacionales”. A la trasformación de la psique y de la carga axiológica, le seguirá, sin duda, el cambio en el físico de las personas. Cuando la televisión estaba de moda, así como los estudios con respecto del hábito de las teleaudiencias, ya se decía que nuestros ojos crecerían como huesos de aguacate, y que nuestras cabezas crecerían desproporcionadamente con respecto del resto del cuerpo. ¿La desaparición del pulgar?, ¡excelente augurio! ése fue el apéndice que convirtió al hombre en hombre –dicho genéricamente, con el riesgo de que se enojen mis amigas feministas–… ¿En qué nos convertirán las máquinas inteligentes? Buena pregunta.Felicidades.

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