Hessel, el «coraje cívico» y la prensa

July 27, 2011 - 5:40 am No Comments

Por Marco Lara Klahr*

Hace tiempo, Thomas Manz, el representante de la Fundación Friedrich Ebert en México, me habló de un concepto utilizado en Alemania para referir una actitud individual de responsabilidad ante la propia comunidad: «coraje cívico», que no se refiere, es claro, al cliché mexicano de «valor civil», con cierta carga moralina y hasta de desafío machista.

Cuando hace unos días apareció en el paisaje de las librerías en México ¡Indígnate! Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica [Destino, 2011], de Stéphane Hessel, recordé esa idea de «coraje cívico». No voy a repetir las obviedades que se han escrito acerca de este librillo, recogeré sus aspectos esenciales para enfocarme en la relevancia de la prensa y los periodistas como agentes de cambio social.

Hessel, de origen judío, alemán naturalizado francés, de 93 años, sobreviviente de la Resistencia en Francia, diplomático y uno de los artífices de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se dirige a los jóvenes, llamándolos a encontrar un «motivo de indignación», pues «Cuando algo te indigna como a mí me indignó el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido».

Tanto porque está dirigido a los jóvenes —cual si fueran la única fuerza social capaz del cambio—, como por su tono perentorio, de arenga, ¡Indígnate! podría ser tachado de panfleto y hay quienes así lo han encasillado. Pero esta es la obra de un viejo que tiene enseñanzas y, sobre todo, el referente de los derechos universales.

Hessel pide a los jóvenes, «Si se encuentran con alguien que no se beneficia de ellos —de los derechos universales—, compadézcanlo y ayúdenlo a conquistarlos», cosa que da sentido a la noción de «coraje cívico», y ayuda a romper la indiferencia generalizada y desarticulante que se percibe en nuestras comunidades.

La indiferencia es otro de los asuntos de los que se ocupa el autor, considerándola «La peor actitud»; «si se comportan así, perderán uno de los componentes esenciales que forman al hombre», «la facultad de indignación y el compromiso que la sigue» —bajo la firma de Hessel apareció recientemente también ¡Comprometeos! [Destino, 2011], basado en conversaciones con Gilles Vanderpooten.

Se refiere asimismo a la necesaria construcción de liderazgos, convencido de que si «una minoría activa se rebela, será suficiente, tendremos la levadura que levante la masa».

La razón de que esta obra de 60 páginas esté sirviendo de inspiración a movimientos en España, Francia y Grecia —protagonizados por adolescentes y jóvenes— obedece también a que Hessel identifica la exclusión social como el factor clave de indignación de nuestro tiempo: «Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero».

¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros los periodistas? Bueno, desde el principio este veterano activista sitúa el problema de los medios, al repetir algo sabido: «Una verdadera democracia necesita una prensa independiente».

Para, al final, volver con rudeza: «apelemos […] a una ‘verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza’».

Los periodistas que trabajamos para los medios noticiosos corporativos debemos tener esto presente, porque somos parte de la cadena industrial de producción de unos medios como los que describe Hessel.

No propongo un periodismo militante a ultranza, insisto en la noción de responsabilidad social de los periodistas. Desde los medios se reproducen o legitiman, a través de nuestro trabajo, la exclusión social, la conculcación de derechos y la violencia; se devalúa la cultura de legalidad, se alienta el encono social y se desacreditan o invisibilizan la reivindicación de la no violencia y la transformación pacífica de conflictos.

Hace poco menos de una década creamos el Proyecto de Violencia y Medios, en Insyde, justo asumiendo que el ejercicio del periodismo no es inocuo, tiene siempre una consecuencia, y que esta depende de si se busca servir al bien colectivo o sólo alimentar una industria que padece gula de información alarmista, superficial y barata. Un referente nuestro entonces, lo mismo que ahora, eran los derechos: el periodismo debía, debe situarse del lado de quienes padecen la violación de los suyos, de quienes los respetan y de quienes los defienden.

De manera coincidente, evocando a Martin Luther King y Nelson Mandela, Hessel advierte que para lograr la superación no violenta de los conflictos «hay que basarse en los derechos, cuya violación, cualquiera que sea el autor, debe provocar nuestra indignación. No cabe transigir respecto a estos derechos».

Padecemos el colapso del paradigma autoritario de seguridad y el sistema de justicia penal inquisitorio. Como apéndices de ambos aparatos, los medios y los periodistas estamos en crisis; encarémosla atendiendo el llamado de Hessel a indignarnos contra la violación de los derechos, concibiéndonos desde el espacio noticioso como voz de quienes sufren su violación. Para comenzar necesitamos apenas algo de coraje cívico.

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* Marco Lara Klahr es periodista en temas de violencia y derechos ciudadanos desde hace 29 años, egresado de la UNAM, se desempeña como reportero de investigación de Efekto TV, director de minimedia otromexico/contenidos para medios, coordinador del Proyecto de Violencia y Medios en Insyde, y consultor de Justice Initiative. Su libro más reciente, en coautoría con Francesc Barata, es Nota(n) roja. La vibrante historia de un género y una nueva manera de informar (Debate, 2009). Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 2009 y 2000. Publica con mucho éxito su columna “meDios” en www.insyde.org.mx del Instituto para la Seguridad y Democracia.

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