Victoria Camps: “Estamos viviendo una mediacracia”

December 10, 2009 - 3:06 pm No Comments

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(Una entrevista inédita a la filosofa española cuando estuvo en Medellín)
Por:  Juan Manuel Zuluaga Robledo

Medellín sintió más cercana la filosofía y el pensamiento, aplicados de manera práctica a la vida cotidiana. Victoria Camps, la reconocida filósofa española, visitó la ciudad  y durante tres días, dictó el seminario ‘Ideas de Ciudad’, organizado por el Ateneo Porfirio Barba Jacob.
Camps nació en 1941 en Barcelona y se doctoró en la Universidad de la capital de Cataluña en 1975. Desempeñó el cargo de senadora entre 1993 y 1995 y en el 2004, el PSOE, partido de gobierno de Rodríguez Zapatero, la llamó para conformar el Comité de expertos para el manejo de la radiotelevisión pública. Además, fue una figura fundamental, para el éxito del proceso de paz con el grupo vasco Elkarri. También es una escritora consagrada: libros como La imaginación ética, Retórica política, Virtudes públicas (ganador del Premio Espasa en 1990) se conocen en los cinco continentes. De igual manera, es una analista política sobresaliente, con textos como El malestar de la vida pública y el Siglo de las mujeres.

El martes 29 de agostó de 2006, al acabar su charla, estaba esperando el mar de preguntas, en el proscenio del teatro Porfirio Barba Jacob. Es una mujer espigada, madura pero conservada. Con sus lentes y su peinado corto, es una mujer pulcramente vestida, pero dispuesta a responder todas las inquietudes. Habló sobre mediacracia, civismo, democracia y el rol de las mujeres en la sociedad contemporánea.   Estas fueron sus apreciaciones.

Al detallar al gobierno del presidente Álvaro Uribe ¿Cómo ve el tipo de democracia que promueve nuestro gobierno? ¿Cómo se relaciona lo anterior con lo que usted define como mediacracia?

Yo no me atrevo hablar de Colombia, pues no soy una conocedora profunda del sistema político colombiano, ni de las problemática del país. Pero sí creo que se puede presentar una mediacracia. Es decir, una democracia mediatizada y pervertida por los medios de comunicación, porque algunos sirven al sensacionalismo, al espectáculo y a la superficialidad. Todo eso repercute en una democracia con muchas deficiencias. Es un fenómeno que no sólo se da en Colombia, sino en todas partes. En todas las latitudes hay medios de comunicación. La democracia tiene el reto de expresarse a través de medios –como la televisión- que recalcan más sus deficiencias que sus virtudes.

¿Por qué  es tan importante el civismo en las ciudades modernas y en el mundo actual?

Porque las ciudades modernas tienen grandes concentraciones humanas. Mucha gente debe convivir junta, con habitantes de diferentes procedencias. Son sociedades donde hay más desarrollo y por consiguiente, más bienestar. Son de carácter consumista y la gente busca el placer individual, entonces opera un individualismo netamente egoísta. En esos términos, la convivencia se vuelve difícil. El civismo ayuda a solucionar esas contrariedades, hace que la convivencia sea más amable, que no existan agresiones excesivas entre los ciudadanos. Es el intento para que la convivencia sea más amable para todos. El civismo aboga por un mínimo respeto de lo público.

Usted lideró procesos de paz con Elkarri en España ¿Cómo observa los procesos de paz adelantados por el gobierno de Colombia con los grupos de Autodefensas?

Los procesos de paz de Colombia y España con la ETA, son esperanzadores. Deben ser vistos siempre como una esperanza para cambiar las cosas. Eso, con la convicción de que se pueden presentar muchas dificultades y por lo tanto, ser muy firmes. Negociar no es fácil, eso se traduce en hacer concesiones por ambas partes. Esas concesiones –para los demócratas- deben tener los límites impuestos por el Estado de Derecho, por la propia democracia y salvaguardar los valores democráticos y constitucionales. El proceso no se puede deteriorar, en ese sentido se debe hacer control. Toda negociación significa hacer concesiones entre los implicados: si cada parte se queda en sus ideas y no cede en absoluto…no hay discusión, ni nada que negociar. Pero las concesiones tienen límites como los derechos fundamentales y las reglas del juego democrático.

En sociedades como la colombiana ¿Cómo se puede sopesar el individualismo egoísta?
Eso se presenta, en toda sociedad con una economía de consumo. En cuanto más consumo y más bienestar generalizado se evidencien, más individualista se torna el individuo, valiendo la redundancia. El ciudadano actual piensa más en sus problemas personales y descuida el interés general. Eso se mejora con la ética, la solidaridad o con la misma tolerancia. Se debe inculcar más la responsabilidad por lo público, siendo este un valor que el mercado no enseña.

¿Cómo define usted al buen político?
Un político debería estar al servicio de la ciudadanía y representarla. No debería tener más intereses que los generales y no buscar sus beneficios particulares. Debe evitar a toda costa, ese vicio de la política llamado partidismo. Pensar en los intereses de todos los ciudadanos y dejar de pensar en el interés personalizado de su partido.

¿Entonces esa concepción del partidismo es negativa?
Es obvio que en la vida política y la democracia, necesita de las organizaciones y de los partidos políticos. Ellos soportan determinadas candidaturas y hacen que los puntos de vista más sobresalientes en la sociedad, entren en discusión. No se ha encontrado otra forma de sustituir los partidos políticos y seguramente sí encontráramos otra formula diferente, se caería en los mismos vicios. Ahora bien, el partidismo se debe ver como un mal menor, como una necesidad con limitaciones y no pedirles más de lo que pueden dar. Mejor dicho, suplir todo aquello que no dan los partidos  a través de otros medios.

Al analizar a la mujer actual ¿Qué le hace falta a las mujeres para desempeñarse de manera digna en la sociedad?

Las mujeres han ganado mucho en materia de igualdad jurídica, pero en el ámbito social, ese reconocimiento es escaso. Reconocimiento significa aceptar que la mujer pertenece a un grupo. Además en el plano histórico, se le debe reconocer funciones privadas, desvaloradas como la labor doméstica, que es una cuestión de suma importancia para la sociedad. Se debe tener en cuenta la filosofía del cuidado, entendida como un valor complementario de la justicia y emparentada con el afecto. Hay problemas que resuelven mejor con el afecto que con las leyes, por eso en términos afectivos debe existir igualdad de géneros.

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