Retratos de un mar de mentiras de Carlos Gaviria

November 13, 2011 - 5:31 pm No Comments


Por Cindy Nataly Erazo*

Un abuelo con demencia senil, una familia desaparecida por el oleaje de violencia nacional, la pobreza absoluta, y la ausencia total de cualquier asomo de amor, hacen de este personaje protagonista el epítome de la tristeza y la desolación. Marina es la mujer sombra que asume el rol principal de la ópera prima de Carlos Gaviria. Y tal es su personificación en la gran pantalla, que le valió a Paola Baldión el premio a mejor actriz en el Festival Internacional de Guadalajara.

Es, su papel en la película, la ubicuidad del dolor, y su mirada, la verdadera protagonista. Con un parlamento reducido a unas cuentas palabras, la actuación de Baldión está en sus ojos. Ojos cansados, ceñidos a la curvatura de la pena y abiertos siempre en la proyección del recuerdo, porque de eso se trata la obra, la abstracción de un tiempo pasado, los flash back de momentos felices en un paisaje costero, y la punzada dramática que irrumpe con la tranquilidad. Es la historia pues de los desplazados, de la Colombia exiliada de sí misma, de los retratos de un mar mentiras.

Enmarcada en una road movie, la trama se teje entre la búsqueda de unas tierras abandonadas y la relación entre dos primos, Jairo y Marina, antítesis por excelencia. Él (Julián Román) exquisito en todas sus formas de representación, de entonación rola y melosa, traje ordinario, y tan popular como sólo los colombianos podemos ser, es un fotógrafo ambulante que emprende el viaje para reclamar una herencia lejana. Entonces se va dibujando un país rural por la línea que traza su Renault 4 naranja, las carreteras militarizadas, bordeadas por cambuches humildes, cultivos agrícolas y cruce de balas. Es en definitiva una radiografía de la patria.

Cada escena del recorrido parece un símil del paseo familiar promedio, atravesado por los baños de río, las emisoras de pueblo, pero sobretodo por las conversaciones casuales que se van formando en cada estación. Y gracias al cielo Carlos Gaviria se considera un buen dialoguista, porque el monólogo de Jairo  en oposición al silencio de Marina sería insoportable sino fuera tan ligero y preciso.

Finalmente, más allá de los pintorescos personajes, está el transfondo de la realidad que los motiva, una situación de desplazamiento forzado y los daños perennes en la vida que les sigue. Para Marina fue un estrés postraumático que trajo a la pantalla unos personajes cenizos y fantásticos, los muertos que fue dejando la guerra, y que se iban colando en las escenas para burlarlos o conmovernos.  Un recurso arriesgado pero ciertamente valioso.

Retratos de un mar de mentiras es una película cumbre del cine colombiano, no por romper con los ejes temáticos de nuestra cultura elevados al séptimo arte, sino porque se acerca al conflicto desde la intimidad de las victimas, y le concede al espectador un poco de ese dolor.
___________
* Cindy Nataly Erazo es estudiante de noveno semestre de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana. Actualmente es la encargada del CineClub Lumiere de su Universidad, y apasionada por el cine viajó a Argentina en el 2009 para estudiar Dirección de arte y fotografía. En Buenos Aires colaboró en el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, y actualmente promueve en Medellín espacios para el encuentro y la apreciación cinematográfica. Fue directora del periódico independiente Grotexco, y sus fotografías y obras se han expuesto en diferentes escenarios. Con el seudónimo de Fichina pinta y va dejando trazos de colores en las calles de la ciudad.

Comentar