Cine: ¿Distopía o utopía?

December 21, 2011 - 11:35 am 1 Comment

Maria Clara Jaramillo Muñoz*

En la “vida real”, la gente sueña con prosperidad, encontrar el verdadero amor, con una familia, una bonita casa, un buen carro, viajes al exterior y toda una serie de cosas que, se supone, los hará tener una vida mejor. Se sumergen en un mundo utópico, lleno de fantasía, donde todo es perfecto y nada les falta. Pero si miramos esto desde otro punto, podemos notar lo contrario.

Tomando el ejemplo del cine, que tanto ha influido en la vida de las personas durante todos los tiempos desde su nacimiento, veremos que las historias preferidas por el espectador son las que más se alejan de una realidad utópica.

Buscamos en éste las reacciones fuertes, lo sensacional, impactante, tal vez en el afán de ver y experimentar lo que no conocemos, trayéndolo muy cerca de nosotros, sumergiéndonos en ello por unos minutos, haciéndonos sentir diferentes emociones. Así que a pesar de desear una vida “perfecta”, tranquila, bella, donde nada nos falte, siempre sentiremos curiosidad por la adrenalina, por lo desconocido, por lo macabro, por lo distópico, y nada mejor que el cine para saborearlo sin tener que verse involucrados por completo.

Esta “sed de distopía”, acompañada siempre de lo impactante, ha llevado a que en el cine se busquen alternativas, desarrollándose así nuevas tecnologías, cada vez de mejor calidad. Este avance tecnológico, en mi parecer, tiene su lado malo y su lado bueno, ya que la tecnología es una útil herramienta que puede usarse para bien o para mal. En el cine actual se puede ver que prima la imagen, dejando muchas veces en un segundo plano la historia, el contenido, el argumento y hasta los actores.

Vemos que hoy en día salen películas que cuentan historias corrientes en ambientes poco comunes, incluso el mismo James Cameron lo manifestó cuando se inauguró su película “Ávatar”; esperó 10 años para hacerla, porque, según él, “antes no había la tecnología suficiente para realizarla”.

Si esta película se hubiera estrenado hace diez años, sin la tecnología de hoy, ¿Habría sido tan taquillera como lo fue? La respuesta es obvia, y es donde se puede afirmar que es una historia vulgar y corriente, y que fue exitosa únicamente por sus efectos tecnológicos que fascinaron al público común, que no va a ver cine si no que va a entretenerse o distraerse. Este tipo de público, perezoso para pensar, difícil para captar su atención, que por cierto es mucho por no decir la mayoría, es el que ha dado pie para que cada vez se realicen más películas para cine de entretenimiento, con ayuda, claro está, de la tecnología. Es aquí cuando digo que la tecnología debería ser un medio, no un fin.

Por el lado de los actores, exagerando un poco, digo que están en vía de extinción gracias a la tecnología en el cine, o por lo menos en el cine de entretenimiento; cada vez vemos más películas animadas en las que se contratan actores reales y después los digitalizan, como lo hicieron por ejemplo en “Los fantasmas de Scrooge”, donde actores reales utilizaron en escena trajes con sensores de movimiento, para ser luego digitalizados. La fotografía “real” es otra que se vería afectada, junto a los directores de arte, que ya jugarían un papel muy distinto.

Nosotros, los espectadores, somos insaciables y siempre queremos más (así sea más de lo mismo). El cine es el arte más completo, pues reúne a todas las artes, tal vez por eso los espectadores esperan tanto de él (sea en cuanto a calidad, cantidad, diversión o entretención). Con la tecnología se hace todo lo posible por satisfacer estas necesidades, y es mucho lo que se gasta o se invierte para dicho fin. Vemos películas extremadamente costosas en su realización que se centran especialmente en la imagen, que así sean más de lo mismo, son taquilleras por tener un truco diferente, como “Alicia en el país de las maravillas” o la ya citada “Ávatar”.

Al otro extremo están directores como Glauber Rocha, que decía que “lo único que necesito para hacer cine es una idea en la cabeza y una cámara en la mano”, y películas como Dogville, de Lars Von Trier, que se asemeja al teatro, donde lo que importa es la historia, lo demás pasa a un segundo plano. Cabe anotar la relación con el tiempo. En los comienzos del cine, una cinta duraba un minuto, y los teatros se atiborraban de gente que iba a contemplar asombrada ese glorioso instante. Así las películas se fueron haciendo cada vez más largas. Hasta más o menos finales de los noventa, las proyecciones tenían un intermedio para que la gente descansara unos minutos antes de seguir con la segunda parte de la película. Después esto desapareció y podemos ahora estar hasta tres horas sentados al frente de la gran pantalla, donde a veces el tiempo se nos hace corto.

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*Maria Clara Jaramillo Muñoz, de la ciudad de Medellín, es estudiante de Comunicación Social de la Universidad EAFIT. Ha publicado en medios de esta universidad como el Periódico estudiantil Nexos, del cual hizo parte durante dos años y medio, en la Revista Digital Bitácora del pregrado en Comunicación Social. Participó también en el Canal de Estudiantes y en la intranet Entre Nos. Además en United Press International. Este año ganó una mención de honor en el concurso Caminos de la escritura, del departamento de Humanidad en la Universidad Eafit.

One Response to “Cine: ¿Distopía o utopía?”

  1. Josefina Arista Says:

    Me parece un excelente artículo, rescatas cosas esenciales y además con ejemplos concisos, es clara la idea de la dominación de la imagen ante la pobreza de conceptos e ideas. Éxito 🙂

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