Para el que me mira

February 20, 2012 - 5:00 am No Comments


Por Santiago Gómez*

Acabo de ver una paloma muerta. No sé si era una paloma, era gris y tenía alas. Pero no sé si era una paloma o una masa de plumas que alguien dejo caer en la mitad de la Carrera Séptima.

Normalmente veo las noticias, no se reportan muchas muertes de palomas y no nos dicen que les duele. Por eso creo que nunca pensé que las palomas fueran mortales. Pero hace frio y usted me mira. Pero no porque usted me mira me metí a este café a las tres de la mañana. Lo hice porque hace frio. Me lleva mirando un buen rato, no sé bien por qué. ¿Será que usted quiere que toque la trompeta? No sé cómo tocar la trompeta, tan solo tengo pulmones y poca ambición. Pero usted me mira aun así y no le puedo ofrecer música, no le puedo ofrecer café, ni puedo ofrecerle palabras porque usted no sabe que le estoy escribiendo.

Esa paloma seguramente se despertó esta mañana y no pensó que iba a morir.  Pensó de pronto que encontraría a su palomita compañera o que encontraría un trozo de pan en la esquina, pero no pensó que se podría morir aunque su muerte era  el evento más probable. El pan no es gratis y el amor tampoco, pero la muerte en la Séptima si lo es. Yo tampoco me desperté pensando que me iba a morir, y tampoco lo pienso ahora que lo sé. Pero le cuento señor que me mira: usted de pronto pensó que se iba a morir pero dudo que haya pensado que me iba a mirar.

Las cosas nos suceden a destiempo. Las cosas que queremos la planeamos pero las que no queremos no las concebimos por una ceguera que tenemos atrás de la memoria, una ceguera que emanamos  desde el lugar donde primero nos caímos de la bicicleta y nos sangró la rodilla, en el momento donde la madre, que jamás pensamos como un enemigo, nos castigó,  o en el momento donde nos paramos, años atrás, sobre un abismo y sentimos la potencialidad de un suicida que se contenta con tener control sobre al menos un aspecto de su vida, la vida misma.

Pero los planes son ilusiones, y las ilusiones se van como humo por la nariz del león que come fuego y le gusta.

Ya no hace frio, ya el café calienta y contenta pero la mesera todavía tiene frio. Tiene que volver a casa. Usted, señor que me mira, de pronto todavía tiene frio, de pronto más tarde ve una paloma morir y de pronto usted, señor que me mira, escribirá un verso alejandrino sobre una paloma muerta que todavía le pide pan.

Usted me ha mirado desde que llegué a este café porque tenía frio. Usted me ha mirado desde que descubrí mi propia ceguera utilitarista; usted me ha mirado desde que le escribo y aun así no sabe que le estoy escribiendo, no sabe que le escribí ni que lo voy a recordar.

Asimismo, señor que me mira, yo no me di cuenta hasta ahora que usted no existe y que usted es un espejo con mala iluminación.

__________
* Santiago Gómez se graduó el año pasado 2011 de un colegio bogotano. Tiene 18 años. Nacido en Medellín, es un apasionado de la escritura y un gran lector de la obra de Julio Cortázar.

Comentar