Macondo, Manhattan, Portoviejo

April 1, 2012 - 5:36 pm No Comments

Por Miguel Alavalcívar*

Vivir a destiempo y despacio
Hasta que regresen las golondrinas,
Saber que morirse fumando
Es romper, con ganas, la alcancía.
 Despertar al borde de la cama
Con traje de luces para el duelo,
Desde un techo en Manhattan
Como era la luna en Portoviejo.
Un gorila de circo sin medias ni papeles,
Junto a una rubia en retiro
De amores insolentes.
Cuánto duelen los relojes
Las alarmas, los latidos,
Los filtros del telegrama,
Las ventanas con despecho.
Cuando no riman las bocas,
Ni las chapas ni los techos
Cuando no existe un Macondo
Para exiliarme sin desvelo.
Sin calafateo de piel ni amor que se le parezca,
Ni lunes en somier, ni pan de cerezo,
La burla de la RAE y la certeza sin certeza,
Porque fumes por doquier, como Adán en el Pleno.
Una rosa en tu pelo, diadema de mariposa azul,
Por Macondo, Manhattan, o Portoviejo
Por las escaleras del arriero,
Por la cola del tutú.

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* Miguel Alavalcívar ha realizado trabajos dentro de la poesía y la narrativa, los mismos que se recogen en sus publicaciones: «Universo paralelo», «Amada Inmortal», «El mundo, contado al revés» y su reciente «Prozac: un libro a cuatro manos». Colabora con Revista Cronopio de Colombia, plasmando su arte por la senda del pensamiento crítico a la sociedad catatónica.   En su última obra, Alavalcívar, descarta la tentación de dramatizar el dolor, omitiendo fingir un viril estoicismo, siendo más bien el solitario y lúdico espectador del mundo multiforme. Cerca de sus manos siempre hay una canción de Sabina, un cigarrillo, y una mujer. Cimarrón y vernáculo, nos presenta su último trabajo. No posee un estilo académico ceremonioso, por el contrario, es sencillo y corto pero no cortado, perspicuo en ocasiones, su lectura es de la más anfetamínica adicción, con personajes que van desde lo abyecto y miserables, no por las circunstancias casuales y arbitrarias del autor, sino las causales de una sociedad comprimida, copada y deshumanizada. La norma «sin-táctica» es planteada en está afilada historia, trenzada desde las periferias con los hilos del exceso hedónico. Los personajes se desplazan por lugares, historias, autores y canciones en un movimiento cinematográfico dentro de las pupilas alfabéticas de sus lectores, experimentando un constante in crescendo. Haciendo catarsis artística, su autor descarga, toda su crítica a las estructuras y sistemas pre concebidos y aceptados, destrozando los cimientos conservadores del statu quo de la literatura.   ALEJANDRA PESÁNTEZ ESCRITORA QUITEÑA BUENOS AIRES – ARGENTINA

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