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May 12, 2012 - 11:36 am No Comments

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Por Miguel Alavalcivar*
No acepta un por qué al amanecer
Sin cómo, cuándo ni dónde.
Lluvia de mayo con día después
Que se quita el vestido de seda y de los ojos el escote.
Sueño anclado en marzo rellenando crucigramas
La boca que no la besa no la quiere mirar,
Y cuando sale por un café se pierde en las ventanas
De los idiotas, como yo, que la quieren tocar.
A fin de mes la cuenta no factura
Una mirada robada ni un luto encaprichado por mí
Bajando al ruedo con el alma desnuda
Me escogería las corbatas si me dice que sí.
En la guantera me escondo, en los bolsillos de mis libros,
En la noche madura que no sirve para un carajo,
Por las veces que solita la cama contaba los hilos
De la falda inventada que dormía por ahí.
Y digamos, no es simplemente leer cada lunes el diario,
Hay que desempolvar el antojo,
Deshojo mi abecedario tocándote los ojos,
No te interesa, porque tú no estás.
No rima la poesía, bailan los ojos, que es distinto.
Y en cada nicho de algodón se suman los petardos que quieren meter gol.
La calle me ve de luto y fumando bajito,
Un potrero, eso es el corazón.

 

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* Miguel Alavalcívar ha realizado trabajos dentro de la poesía y la narrativa, los mismos que se recogen en sus publicaciones: «Universo paralelo», «Amada Inmortal», «El mundo, contado al revés» y su reciente «Prozac: un libro a cuatro manos». Colabora con Revista Cronopio de Colombia, plasmando su arte por la senda del pensamiento crítico a la sociedad catatónica.   En su última obra, Alavalcívar, descarta la tentación de dramatizar el dolor, omitiendo fingir un viril estoicismo, siendo más bien el solitario y lúdico espectador del mundo multiforme. Cerca de sus manos siempre hay una canción de Sabina, un cigarrillo, y una mujer. Cimarrón y vernáculo, nos presenta su último trabajo. No posee un estilo académico ceremonioso, por el contrario, es sencillo y corto pero no cortado, perspicuo en ocasiones, su lectura es de la más anfetamínica adicción, con personajes que van desde lo abyecto y miserables, no por las circunstancias casuales y arbitrarias del autor, sino las causales de una sociedad comprimida, copada y deshumanizada. La norma «sin-táctica» es planteada en está afilada historia, trenzada desde las periferias con los hilos del exceso hedónico. Los personajes se desplazan por lugares, historias, autores y canciones en un movimiento cinematográfico dentro de las pupilas alfabéticas de sus lectores, experimentando un constante in crescendo. Haciendo catarsis artística, su autor descarga, toda su crítica a las estructuras y sistemas pre concebidos y aceptados, destrozando los cimientos conservadores del statu quo de la literatura.   ALEJANDRA PESÁNTEZ ESCRITORA QUITEÑA BUENOS AIRES – ARGENTINA

 

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