Fragmentos de un crimen con aroma moderno

May 21, 2012 - 8:21 am No Comments

Por Andrea Echeverri Jaramillo*

Con una narrativa absolutamente contemporánea y una factura internacional, a la vez que un sabor local indudable, 180 segundos, ópera prima del director caleño Alexander Giraldo, cuenta una historia que nos sabemos de memoria, pero que, si somos cinéfilos, como a los niños pequeños, no suele molestarnos volver a ver una y otra vez: una pandilla que planea un robo, en la que hay una historia de amor, mucha camaradería y una dosis de traición.

Zico —Manuel Sarmiento— es el líder de una pequeña banda criminal con un buen récord, de la que hacen parte su hermana Angie —Angélica Blandón—, el simpático Guájaro —Manuel Viveros— y René —Alejandro Buitrágo—, quien ahora está en la cárcel, y a quien deben remplazar para dar un último golpe antes de irse a vivir a Europa, ya que Angie, la dura de los computadores, se ha ganado una beca. Consiguen entonces a Rincón —Alejandro Aguilar—, recomendado de René, quien hace buenas migas de inmediato con Zico, y brota la química con Angie. Se trata de robar, en un lapso de tres minutos, una casa de cambio que es un lavadero de plata de un narco, sin mucho riesgo, y una buena despedida para poderse ir y empezar una nueva vida limpia e idealizada.

Mientras tanto, un par de mafiosos de poca monta —Jesús Valencia e Iván Jara— esperan con un gran cargamento de joyas a que venga el Cíclope, quien las evaluará y tasará para proceder a su venta, otro negocio ilegal. Y por su parte, el detective Alzamendi —Luis Fernando Montoya— intenta seguirles los pasos a Zico y sus secuaces. Todo esto enmarcado en las eliminatorias para un mundial de fútbol, tema recurrente desde los nombres y camisetas de los personajes, pasando por supuesto por sus conversaciones cotidianas, hasta la decoración y el mobiliario en algunas locaciones de la película.

Narrada de manera fragmentada y ágil, a lo Tarantino o Guy Ritchie, se le ve claramente la influencia de estos dos directores, y en general del cine independiente anglosajón, tanto a nivel visual, como de montaje, e incluso en la manera de construir el guion (es notorio en particular el “homenaje” a los diálogos de Pulp Fiction en el corredor del edificio cuando el Potro cuenta su anécdota del odontólogo). Volviendo a la fragmentación, segmentos de la historia se suceden sin aparente orden temporal, espacial ni argumental, dejando lagunas en el espectador, que son llenadas a cuentagotas, cada vez con un detalle distinto, y los mismos saltos enriquecen la historia que, de ser contada en forma lineal, no dejaría de ser una historia más de ladrones y policías sin nada especialmente interesante. Con buen uso de la postproducción, en la que se incluyó infografía para dinamizar la imagen en algunos momentos, música alegre y que le aporta un buen ritmo, el resultado es una cinta que se da la mano con cualquier otra de su género, que no tiene nada qué envidiarle a Hollywood… pero que tampoco logra destacarse muy por encima de las demás.

Con una estética cuidada, hay coherencia entre todos los elementos plásticos de la película. Los planos suelen ser cerrados, con bastante peso en los rostros de los personajes, más que en decorados o en detalles de objetos significativos. Y es de resaltar que se consigue una actuación coral bastante espontánea en términos generales, donde los actores nóveles se llevan de lejos al único nombre conocido por años en la pantalla colombiana. La dirección de fotografía es sólida, notoria. Sin embargo, la textura es tan fría, que a pesar de estar ambientada en Cali y contar con un vestuario bastante ligero, la temperatura no parece subir nunca de los 16°.

Se trata de una propuesta que, más que novedosa, es moderna, y su mayor logro es que le habla al público joven en su lenguaje; sabe ser local y global al mismo tiempo y puede encontrar una buena recepción si se le abren las puertas. El guion no es nada del otro mundo —está demasiado pegado a las normas, especialmente al final—, pero es una buena primera película. Con oficio y tenacidad, Alex Giraldo puede dar de qué hablar en el futuro.

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*Andrea Echeverri Jaramillo es escritora, docente, crítica semióloga y crítica de cine. Comunicadora Social de la Universidad Javeriana de Bogotá. Magister en cine de la Universidad Complutense de Madrid. Graduada en Panico Studio, la escuela de Terry Gilliam en Londres. Fue ganadora de una beca de creación literaria de Colcultura en los noventa; en 2002 obtuvo Mención de Honor en el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá por Umbrales, novela publicada en 2004 por Arango Editores. Su siguiente proyecto Cien amantes ganó una Beca de Creación del Ministerio de Cultura (2005). Actualmente trabaja en El libro de los amores clandestinos, una antología de cuentos que espera ver pronto la luz. Blog: andreacine.wordpress.com

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