Tener derechos e izquierdos

May 27, 2012 - 3:06 pm No Comments

Por Miguel Alavalcivar*

Tengo derecho a decir que no eres para mí

A remendar las cicatrices del acné,

A los besos que se desinflan en el aire porque sí,

A decir, después de ti, que no eres para mí.

A nombrar a tu santa madre si discutimos,

A perfilar un hasta nunca por debajo de la puerta,

A ser el otro, hacerme exquisito,

Decir, después de ti, que no eres para mí.


Tengo izquierdos que laten y bombean sangre,

El mismo sitio en la cabeza a la hora de votar,

A sentir como el idiota que soy por vuestra parte,

Que no eres la musa que quise enjaular.

 

Tengo derecho a beberme el despecho,

El destierro de cama, la llama con frío,

El abrigo de la tarde que no sirve de nada,

La puta de la esquina que besa más lindo.

 

Tengo izquierdos que miran por el retrovisor,

Que enervan el champagne y la madrugada,

Las tildes y las comas de la menstruación,

Que escondieron las llaves de tu espalda.

Tengo derecho a decirte putita, malvada, infeliz,

Perrita que suda, ama de alhajas, infame, ruin.

A renegar de las tardes de verano que no quisiste conmigo,

Como el esparadrapo que negaste usar para ocultar tu cicatriz.

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*Miguel Alavalcívar ha realizado trabajos dentro de la poesía y la narrativa, los mismos que se recogen en sus publicaciones: «Universo paralelo», «Amada Inmortal», «El mundo, contado al revés» y su reciente «Prozac: un libro a cuatro manos». Colabora con Revista Cronopio de Colombia, plasmando su arte por la senda del pensamiento crítico a la sociedad catatónica.   En su última obra, Alavalcívar, descarta la tentación de dramatizar el dolor, omitiendo fingir un viril estoicismo, siendo más bien el solitario y lúdico espectador del mundo multiforme. Cerca de sus manos siempre hay una canción de Sabina, un cigarrillo, y una mujer. Cimarrón y vernáculo, nos presenta su último trabajo. No posee un estilo académico ceremonioso, por el contrario, es sencillo y corto pero no cortado, perspicuo en ocasiones, su lectura es de la más anfetamínica adicción, con personajes que van desde lo abyecto y miserables, no por las circunstancias casuales y arbitrarias del autor, sino las causales de una sociedad comprimida, copada y deshumanizada. La norma «sin-táctica» es planteada en está afilada historia, trenzada desde las periferias con los hilos del exceso hedónico. Los personajes se desplazan por lugares, historias, autores y canciones en un movimiento cinematográfico dentro de las pupilas alfabéticas de sus lectores, experimentando un constante in crescendo. Haciendo catarsis artística, su autor descarga, toda su crítica a las estructuras y sistemas pre concebidos y aceptados, destrozando los cimientos conservadores del statu quo de la literatura.   ALEJANDRA PESÁNTEZ ESCRITORA QUITEÑA BUENOS AIRES – ARGENTINA

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