Signos interrogantes

June 17, 2012 - 7:39 am No Comments

Por Miguel Alavalcivar*

Las estrellas del cenicero,
El salvavidas del te quiero,
El cuello de satín para cenar.
La cama de los naufragios,
El parasol de los armarios,
Las bocas donde empezar.
La brújula de los cuerdos,
Los abrazos mal hechos,
El motín de las viudas.
Los catorce de febrero tan usureros,
Los moretones en tu pezón derecho,
El corazón de caucho de las putas.

¿Me querrás igual de tripulante y maleable,
De amante de nada y marido sin ropa,
Eyaculador precoz, impecable,
Poeta de gatas con botas?

El alquitrán de los caramelos,
El rímel sin marcas de destierro,
Lo poco que queda de mí.
La prefísica de los puntos cardinales,
La naftalina de los amantes,
Mayo siempre quiso ser abril.
La tilde de los amores perdidos,
Las manos con sufijos,
El soquete que quiere ser feliz.
Las páginas con sotanas deprimidas,
Los poetas que garabatean con tiza,
La luna con balcón sin zaguán.

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*Miguel Alavalcívar ha realizado trabajos dentro de la poesía y la narrativa, los mismos que se recogen en sus publicaciones: «Universo paralelo», «Amada Inmortal», «El mundo, contado al revés» y su reciente «Prozac: un libro a cuatro manos». Colabora con Revista Cronopio de Colombia, plasmando su arte por la senda del pensamiento crítico a la sociedad catatónica.   En su última obra, Alavalcívar, descarta la tentación de dramatizar el dolor, omitiendo fingir un viril estoicismo, siendo más bien el solitario y lúdico espectador del mundo multiforme. Cerca de sus manos siempre hay una canción de Sabina, un cigarrillo, y una mujer. Cimarrón y vernáculo, nos presenta su último trabajo. No posee un estilo académico ceremonioso, por el contrario, es sencillo y corto pero no cortado, perspicuo en ocasiones, su lectura es de la más anfetamínica adicción, con personajes que van desde lo abyecto y miserables, no por las circunstancias casuales y arbitrarias del autor, sino las causales de una sociedad comprimida, copada y deshumanizada. La norma «sin-táctica» es planteada en está afilada historia, trenzada desde las periferias con los hilos del exceso hedónico. Los personajes se desplazan por lugares, historias, autores y canciones en un movimiento cinematográfico dentro de las pupilas alfabéticas de sus lectores, experimentando un constante in crescendo. Haciendo catarsis artística, su autor descarga, toda su crítica a las estructuras y sistemas pre concebidos y aceptados, destrozando los cimientos conservadores del statu quo de la literatura.   ALEJANDRA PESÁNTEZ ESCRITORA QUITEÑA BUENOS AIRES – ARGENTINA

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