El Libro Azul y la razón de la sinrazón

November 20, 2012 - 1:15 pm 2 Comments

Por Héctor Martínez Sanz*

Hace pocos días, leyendo la prensa, encontraba que ocho psiquiatras y dos neurólogos decidieron analizar a doce personajes de la literatura colombiana y publicaron un libro sobre ello. Y la verdad es que sacaban patologías de todo tipo, desde la esquizofrenia hasta el trastorno antisocial, pasando por la depresión. Esto me recordó la novela El Libro Azul (Ed. Niram Art, 2012) escrita por Said Chamie, un caso contrario al de la noticia, porque Chamie ya había internado a todos sus personajes en un hospital psiquiátrico, e incluso a sí mismo y al lector.

Si la familia Buendía tuviera que pasar toda ella por consulta, de seguro que se toparían con Hebreo Lante, protagonista de El Libro Azul, sentado en la sala de espera. Y con rotunda probabilidad estarían en el Leroux, el sanatorio de la novela.

Yo me encontraría a su lado, y Said Chamie enfrente de nosotros, sonriendo. Ésta fue la sensación que tuve cuando presentamos la novela en Madrid, el pasado mes de septiembre, mano a mano. Suena extravagante, pero es extraordinariamente real. Es una de las principales virtudes de la obra de Said Chamie el giro hacia la interioridad psicológica de sus personajes, haciendo de sus biografías la geografía y el callejero de la novela. No importa el exterior, porque de continuo todo sucede dentro: dentro del sanatorio y dentro de las cabezas. Así, de camino al interior, como si de una autotrascendencia agustiniana se tratara, se nos abre un universo amplio y heterogéneo, dinámico, regido por el quijotesco lema «la razón de la sinrazón», como frontispicio del hospital. Jamás nos preguntaremos por qué acontece esto o aquello, pues asumimos desde el principio la tierra que pisamos. Ni siquiera nosotros, lectores, somos exteriores a El Libro Azul, cuando lo leemos. Absolutamente todo orbita sobre el eje de los adentros y las entrañas de la mente, las emociones y las pulsiones que gobiernan cada acción y dan fe de cada hecho, porque, al fin y al cabo, hasta la locura tiene su ración de lógica y es completamente comprensible cuando uno abandona los resortes de la pretendida normalidad.

Esto último tiene su particular demostración en un curioso detalle de la novela, y es que mientras los pacientes exteriorizan en sus actos su perturbador mundo, los doctores reprimen su interior y falsean su postura. Lo que los primeros hacen con entera naturalidad frente a los demás, en los segundos emerge únicamente en solitario y en su pensamiento. Los primeros dan rienda suelta y congruente a lo que el resto trata de poner freno dentro de sí mismos. Con ello se constata que no se encuentran tan lejos unos de otros, lo cual despeja toda frontera para que el lector se sienta a gusto en medio de esta galería de personajes y elimine durante la lectura sus propias barreras. Y si el lector está cómodo entre tanto loco… será porque el lector acaba de ingresar también en el Leroux y nos encontramos todos en esa sala de espera.

Por otro lado, estamos ante personajes perfectamente definidos —diagnosticados diríamos más correctamente— en sus trastornos. De este modo, surge la tentación de identificarse más con tal o cual carácter, hasta el punto de que El Libro Azul llega a ofrecer diferentes faces a la lectura. Sí, hay un protagonista y su historia es la línea argumental, pero a lo largo de las páginas el fondo se trae a primer plano y pasa de ser el marco narrativo para desplegarse en múltiples sendas transitables por el lector. Por cuál opte es un asunto íntimo y personal, y por ello no diré cual fue mi elección.

Son varios los aciertos literarios, pero, sobre todo, destacan dos que aproximan la obra a la primera línea de la narrativa colombiana. Estos son, en primer lugar, el narrador omnisciente, necesario para, además de contemplarlos en su excéntrico exterior, adentrarnos en el ser de cada personaje y alcanzar su retrato; un narrador que, en cada ocasión, se desdobla en las distintas voces que cuentan sus intransferibles historias. En última instancia, son los pacientes los que nos cuentan su raison d’être. En segundo lugar, la estructura circular, por la que, sorpresivamente, descubrimos que aquello que leemos, el libro que sostenemos, es el libro escrito dentro de la novela misma. Un efecto muy logrado que vuelve sobre la idea de un lector que no puede ser indiferente a la narración.

Detalle aparte, pero de relevancia literaria, es la inclusión de El Libro de las Revelaciones como colofón de la novela. Se trata del libro escrito por el protagonista, Hebreo Lante, durante su estadía en el Leroux, aunque no sólo. En estas páginas, El Libro Azul cambia radicalmente su factura. Entre quiebros retóricos, tono profético y fuerte simbolismo, circulan en imágenes clarividentes de primera persona los pensamientos de aquél. Paradojas, retruécanos, sinestesias, aliteraciones y metáforas nos asaltan con agresividad, casi con violencia verbal, en un ritmo lírico deleitoso. Said Chamie se recrea poéticamente en este anexo a la historia, en un delirio literario como pocos y de los que hace tiempo no se ven entre los escritores de hoy. En este punto, la novela se vuelve arte, un auténtico regalo a los más exquisitos paladares que no quieren libros para ser devorados rápidamente, sino páginas para ser degustadas como un manjar.

Es El Libro Azul, en su conjunto, una obra que sigue la senda de la novela psicológica, ya atravesada por grandes nombres como Cervantes, Dostoievski, Stendhal, Kafka o Proust, y dimensión en boga dentro de la literatura colombiana e hispanoamericana en general. Pero también escribe Said Chamie con breves destellos de la huella dejada por el realismo mágico, y los grandes colombianos García Márquez o Rivera, así como un excelente sucesor de los actuales Gamboa y Botero, recogiendo igualmente el guante del cuento y el relato breve.

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*Héctor Martínez Sanz (Madrid, 1979) es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y Diplomado en Literatura por la Sociedad Cervantina de Madrid. Es profesor titular de Filosofía, Lengua y Literatura en Madrid. Héctor Martínez Sanz es autor de: “Comentarios a Unamuno y a aquéllos que quisieron ser como dioses” (Ed. Antígona, 2006), “Por un horizonte de niebla” en la colectiva de poesía “Con versos, fragmentos de una antología futura” (Ed. Antígona, 2006) y el recopilatorio poético “Antología digital” (Retrato Literario, 2009). Es director fundador de la revista de arte y ensayo “Madrid en Marco”

2 Responses to “El Libro Azul y la razón de la sinrazón”

  1. alberto chamie chadid Says:

    He sido lector consumado de la buena literatura mundial y me sorprendió en grado sumo los intrínsecos caminos de alta profundidad sicologica que adopta en cada uno de sus personajes,este joven escritor colombiano en “el libro azul”.
    Siempre he pensado que los muy buenos libros parten de situaciones sencillas,del diario transcurrir,de interrelaciones de gentes, de elucubraciones y actos osados,temerarios, genuinos, creativos, que producen ,al lector, una sensación, fácil de decir,”esto lo pude escribir yo…”
    Felicito al escritor Said Chamie y a usted,Señor Hector Martinez,por su comentario tan acertado.

  2. trabajos en altura Says:

    El Libro Azul y la razón de la sinrazón |, ¿Que mas nos puedes explicar?, me resulta insterense esta informacion. Saludos.

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