Los colores de una estimulante tormenta

November 26, 2012 - 1:39 pm 1 Comment

Por Ingrid Vanessa Molano O*

“El estilo es el hombre mismo” es una definición establecida por el naturalista Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788) en su discurso de recepción en la Academia Francesa en 1753. Esta frase toma sentido al analizar la vida y obra de Vladimir Nabokov (1899-1977). Aunque hasta el momento es poco lo que conozco de su trabajo como escritor, en la lectura del libro autobiográfico Habla memoria (1966) se pueden encontrar algunos apartes que dan cuenta de esto:

•   Presento un magnífico caso de audición coloreada. Quizás audición no sea del todo exacto, ya que la sensación de color parece ser producida por el acto de formar oralmente una letra determinada mientras imagino su perfil. (p. 34) •   Toda mi vida me ha costado mucho ir-a-acostarme. […] El sueño es la más imbécil de todas las fraternidades humanas, la que más derechos reclama y la que exige rituales más ordinarios. […]; pero me resulta sencillamente imposible acostumbrarme a esa cotidiana traición nocturna a la razón, a la humanidad, al talento. (pp. 106-107)

•   A mí me atrajeron en especial los misterios del mimetismo. […] Descubrí así en la naturaleza los placeres no utilitarios que buscaba en el arte. En ambos casos se trataba de una forma de magia, ambos eran un juego de hechizos y engaños complicadísimos. (pp. 122-123)

•   Apenas puedo imaginar qué supondría ver de nuevo en la realidad mi antiguo mundo. A veces fantaseo que lo visito de nuevo, provisto de un pasaporte falsificado, con nombre supuesto. No es imposible. Pero creo que no lo haré jamás. (p. 248)

Sin duda son muchos los parajes del libro que se podrían citar aquí para establecer por completo la relación entre la vida del autor y su obra; sin embargo, estos son un buen ejemplo de la aguda sensibilidad, inteligencia y amor por la naturaleza y la patria impresas en su narrativa.

“La tormenta” se constituye en una corta pero nutrida muestra de lo expuesto anteriormente no solo por el protagonismo que se le da a la naturaleza, sino por la forma como el autor ilustra, en la nota inicial, la percepción de color proveniente de algunas letras cuando se refiere a la palabra “groza” (Tormenta de truenos) como “hermosa palabrita, con el bonito zigzag azul en medio”, pues en Habla memoria, Nabokov explica que la z se encuentra dentro del grupo de las letras azules y la describe como “el nubarrón z”. Los calificativos otorgados por el escritor a esta letra, que para mí evocan el color del cielo y la forma de los truenos, dan cuenta de la coherencia entre el título del relato con su contenido.

El argumento de “La tormenta” se aleja del reiterativo tema del exilio manejado en otros cuentos de Nabokov. En este, el dolor, la rabia y la desesperanza se cambian por sentimientos positivos surgidos de un narrador–personaje, quien mediante un lenguaje rico en imágenes y metáforas logra transportarnos al ambiente que habita: una alcoba de una casa desde la que puede observarse un profundo patio, donde se recrean algunos de los hechos relevantes de la historia.

Secuencialmente, la narración nos conduce por un sendero rebosante de fragancias como las expelidas por los árboles de tilo y lilas en flor, a través del cual puede escucharse “el gemido de un violín maltrecho”, “el hermoso canto de una mujer rubia y obesa” o “un ruido sordo, el del trueno a lo lejos”. La imagen de “las camisas crucificadas sobre la cuerda bañada de sol” también hace parte de este camino de fantasía que concluye con la vívida ilusión experimentada por el narrador durante una noche de tempestad.

Así, un fenómeno tan común para nosotros es transformado en un evento sobrenatural, cargado de simbolismo y de exaltada belleza. Vemos, entonces, como el resplandor producido antes de que los truenos azoten con furia la tierra se remplaza por el de un carro de fuego tirado por unos caballos con crines como llamas violáceas, conducido por un ser inmortal vestido con una toga deslumbrante mientras atraviesa el firmamento. También se puede hallar la representación del trueno cuando se menciona:

Los corceles agitaron las crines en llamas y prosiguieron su carrera cada vez mayor hacia abajo, hacia abajo entre las nubes. Entonces, con cascos atronadores, se lanzaron a través de un tejado reluciente, el carro se inclinó, Elías trastabilló y los corceles enloquecidos por el contacto del mortal metal, reanudaron su carrera hacia el cielo. (Nabokov, 1924, p. 131)

Desde mi perspectiva existen tres personajes  identificables en el texto. El primero de ellos es el narrador, de quien solo se menciona explícitamente su lugar de residencia,  Berlín, pero con la escasa información que se proporciona sobre él, se alcanza a reconocer a un hombre sensible, soñador y enamorado. Otro aspecto llamativo sobre el papel que desempeña el narrador en la historia puede observarse cuando Elías lo confunde con su discípulo Eliseo (Elisha) y, como se mencionará más adelante, en el cuento se hace alusión al pasaje de la Biblia en el que el profeta Elías remonta el cielo en un carro de fuego.

Los otros dos personajes habitan en el mundo de fantasía del narrador, aunque no por eso dejan de ocupar un lugar importante dentro de la historia. En el caso del profeta Elías ocurre algo singular pues mientras este surca el cielo tratando de contener los caballos que tiran de su carro de fuego, su caracterización es la de un ser fuerte y resplandeciente, y una vez puestos los pies sobre la tierra, luego de caer de su carro volteado, el profeta es despojado de todo signo de divinidad y adopta la apariencia de un simple mortal: viejo y encorvado, con la nariz larga y huesuda, además de torpe y quisquilloso, pero al recuperar la extraviada rueda, recobra de nuevo su brillo y asciende lentamente sobre unas escalas hechas de nubes hasta desaparecer entre ellas. Estas características le confieren versatilidad a este personaje y, por ende, al relato e incluso me atrevo a decir que le añaden ese tinte de humor que el autor suele trabajar tan acertadamente en sus escritos.

También cabe mencionar otra interpretación relacionada con los elementos mitológicos y religiosos, empleados en la caracterización de este personaje, debido a que se le nombra indistintamente como el dios del Trueno y como el profeta Elías. La primera denominación podría corresponder a Zeus, dios supremo de la mitología griega, encargado de desatar tormentas y de mantener el orden social, cuyos distintivos son el rayo, el cetro y el águila. La segunda hace referencia directa a uno de los principales profetas de Dios para ambas iglesias: la católica apostólica romana y la católica apostólica ortodoxa, esta última profesada en Rusia. En la Biblia se describen dos momentos en la historia de Elías que podrían relacionarse con el texto en cuestión: uno de ellos se refiere al momento en que el profeta le ora al Señor para que llueva después de tres años de sequía (1 Reyes, 18: 1-46); en el otro, Elías es arrebatado al cielo en un carro de fuego, tirado por caballos también de fuego, en medio de un torbellino, mientras Eliseo, su discípulo y sucesor, le observa hasta no verlo más (2 Reyes, 2: 1-18).

Aunque en el mundo real el dios del trueno y el profeta Elías transitan por direcciones opuestas, en el universo de letras creado por Nabokov estas confluyen armoniosamente al hacer alegoría al trueno, a la lluvia y al fuego.

El tercero de los personajes es el viento, pues en “La tormenta” aparece dotado de voluntad propia, de cualidades físicas y capacidades sensoriales que fluctúan según el escenario. Durante su recorrido a ras del suelo o cuando se esconde en las profundidades del patio, es descrito como un viento ciego, que se tapa la cara, pero que con los primeros indicios de tormenta recobra la visión y el ímpetu necesarios para azotar las ventanas. También nos lo presentan como el viento que juega con los truenos, vestido de color violeta oscuro o como el que espera al narrador en su habitación y le dedica un saludo antes de partir.

El final no desentona con el resto de la narración, pues el terreno que pisa es el de la irrealidad, al esbozar una situación en la que una persona se dirige rumbo a la estación de un tranvía con la bata de dormir aún puesta. Y aunque me habría gustado conocer más aspectos sobre el narrador, pienso que el peso de la historia se soporta en la fábula que el profeta protagoniza, debido a que nos ayuda a vislumbrar con mayor claridad, esta vez desde el contenido, su relación con el título.

Luego de que mis oídos escucharan desde los más delicados sonidos hasta el más estruendoso de los ruidos, de que mis ojos presenciaran una alucinante fantasía, de que mi sentido del olfato percibiera tanto la humedad de la tierra como las intensas fragancias de las flores, y de que mi piel se estremeciera con el viento mientras la rozaba, puedo afirmar que continuaré en la búsqueda de la seductora prosa de Nabokov.

Referencias

Nabokov, V. (1979). Detalles de un crepúsculo. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

___. (1986). Habla memoria: una autobiografía revisada. Madrid: Editorial Anagrama.

Swift, J., Addison, J., Hume, D., Lamb, C. & Hazlitt, W. (2007). Sobre el estilo. México: Editorial Universidad Nacional Autónoma de México.

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*Ingrid Vanessa Molano Osorio, nació en Medellín hace 36 años. Es egresada de la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia. Actualmente asiste a dos talleres en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el de escritores y el de redacción. Lleva dos años en el primero y lo que va corrido del presente año en el segundo. El trabajo realizado durante este tiempo ha contribuido en el fortalecimiento de sus aptitudes en la escritura tanto de cuentos como de comentarios y la ha impulsado a ingresar nuevamente a la universidad, esta vez a una carrera relacionada con otra área del conocimiento que también le apasiona, la literatura. Se trata del pregrado en Estudios Literarios que ofrece la Universidad Pontificia Bolivariana.

 

 

 

One Response to “Los colores de una estimulante tormenta”

  1. Norha Stella Says:

    Después de leer este texto, además de disfrutarlo tremendamente, se me generó, como dice la autora, el interés de leer a Nabokov.
    Un comentario muy profesional en donde se observa el delicado estilo y el conocimiento para escribir una reseña como esta.
    Felicitaciones.

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