EL ACERCAMIENTO DE LOS NIÑOS A LA LITERATURA

December 26, 2012 - 9:12 am 2 Comments

Por Yunuen E. Viera Guzmán*

«La lectura se contagia»
(Francisco Garrido)

El acercamiento a la literatura y la falta de lectura en la sociedad actual es un tema ya muy tratado desde hace una década, pero lamentablemente aun hay rezago en este punto y tristemente México sigue siendo un país de pocos lectores.

México se mantiene entre los países con más bajos índices de lectura. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Lectura 2006 (ENL), efectuada por iniciativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), en México se leen en promedio 2.9 libros al año. En tanto que 33.5 por ciento de las personas encuestadas dijeron no leer ningún libro al año. Ese porcentaje de 2.9 supera el 0.5 que hasta hace poco se manejaba oficial y extraoficialmente. Por tipo de lectura, la encuesta arroja los siguientes resultados: 42.5 por ciento de los entrevistados acostumbra (o acostumbraba) leer textos escolares; 22.2 por ciento, libros de historia; 18.7 por ciento, novelas; 16 por ciento, libros de superación personal; 14.7 lee biografías; 13.6, enciclopedias; 13.4 frecuenta libros científicos y técnicos; 11.3, cuentos, y 8.7 libros religiosos.

Primero, para poder apreciar la literatura y así posteriormente tener un acercamiento a ella es importante entender el término «literatura», y cómo fue perdiendo su sentido; esta se refiere a todo lo escrito; desde el Siglo de las Luces, los románticos se dieron a la tarea de recaudar por escrito un numeroso acervo de tradición oral: «Llamamos literatura al conjunto de obras escritas o transmitidas oralmente, que la tradición considera dignas de aprecio artístico. En sus páginas están contenidas la biografía íntima y la memoria de la humanidad. Nada más real, pues, que la literatura ‘una defensa contra las ofensas de la vida», según las palabras del poeta italiano Cesare Pavese.» [1]

La fantasía destacaba en estos relatos, pero una transgresión, hizo que los cuentos pasaran a ser de uso didáctico y disciplinario, evitando así que el estudiante lector se permitiera disfrutar la narración, pues la veía como una obligación, provocando que se perdiera la esencia de la obra. Entonces la lectura comenzó a verse como trabajo escolar. Se tenía la impresión de que el gusto por la lectura era algo prohibido.

Instituciones principalmente privadas, se enfocaron en formar excelentes y emprendedores ingenieros, arquitectos, científicos, entre otros, dejando de lado las humanidades y en muchos de los estudiantes se perdió, el disfrute de la lectura. Tal como Michele Petit: «las únicas ocasiones de contacto con los libros se dieron en la escuela y eso puede traer malos recuerdos» (Petit, 2008, pág. 24).

Tiempo después empezamos a escuchar frases como «somos un país en el que no se lee»; al darse cuenta que esto llevaba a los estudiantes a convertirse en una «sociedad desescolarizada» como lo marca Ivan Illich, la atención de los superiores se volcó de nuevo a estas materias. Ahora diversas escuelas, cuentan con talleres y círculos literarios, se realizan eventos de índole literaria y cultural.


Ahora bien cabe preguntarse ¿cómo hacer para que lean?

La literatura juega un papel muy importante en el desarrollo del niño ya que por medio de ésta se adquieren conocimientos. Inculcar a los niños el amor por la lectura es una labor muy difícil, pues en la actualidad existen muchos factores que son enemigos de la literatura, por ejemplo: los videojuegos, la televisión, el internet, entre otros.

Es por eso que me di a la tarea de investigar estrategias de acercamiento de los niños a la literatura; algunas de estas son: no escolarizar la lectura, pues al hacerlo lo único que obtenemos es el rechazo y lograr que los niños vean los textos como un enemigo o un castigo. Permitir que el niño sea libre de elegir los libros que le interesan y esperar a que el niño esté listo por sí mismo para ciertos libros. «El libro que aburre un día muy bien puede divertir al día siguiente, o la semana siguiente, o al año siguiente. En la lectura como en tantas otras cosas, los padres deben ser pacientes» (Kropp, 1993, pág. 94); abrir tiempos y espacios para que el deseo de leer se abra camino, y sobre todo siempre brindar libertad.

Compartir con ellos el tiempo de la lectura, interactuando para que vayan familiarizándose con el libro, nunca imponerles en el comienzo de su acercamiento cuentos largos, extensos, ni empeñarnos en que lean solamente cuentos clásicos pues muchos de estos como ya lo había marcado no se escribieron pensando en el público infantil y juvenil y son muy moralizantes. Leer no significa que todas las lecturas tengan un toque narrativo, sino más bien, permitirles diversidad en la lectura, como comics, historietas, pueden ser relatos cortos, informativos, de ficción entre otros; ofrecerles un espacio y tiempo para que realicen la lectura evitando interrupciones para así quitar la idea de que leer es igual a no hacer nada.

Además es importante hacerles ver que leer es algo especial, debe ser un momento tranquilo, pedirles que dejen de lado un rato el televisor es algo abusrdo. «La lectura no ocurre ‘ahí afuera’, como la experiencia de la televisión; la experiencia de la lectura está dentro de nosotros» (Kropp, 1993, pág. 94); no marcarles qué es literatura comercial y qué no, para que ellos poco a poco vayan descubriendo sus gustos.

Los padres juegan un papel muy importante en el acercamiento de los niños a la lectura, pues no hay nada mejor que enseñar con el ejemplo. Para que el niño se adapte a la lectura y se convierta en un verdadero lector necesita de un padre o madre que sean lectores; Paul Kropp en su libro «Cómo fomentar la lectura en los niños» nos da los siguientes puntos:

• Le leerá;
• Lo escuchará leer cuando es pequeño;
• Le hablará sobre la lectura cuando es más grande;
• Dispone de un momento tranquilo de manera que la lectura pueda tener lugar;
• Sirve como modelo de lectura e interés en los libros en la edad adulta. [2]

El acto de leer en casa debe ser divertido como también en la escuela, no sólo se debe dar una lectura formal, sino también de entretenimiento. Por eso las bibliotecas escolares no sólo deben de contar con enciclopedias y manuales, sino con cuentos y libros de texto; una cosa que se puede hacer es que los padres donen a la misma escuela los libros que sus hijos ya no quieran, así sus compañeros compartirán la misma lectura y llevarán más allá el acto de leer.

Una actitud errónea es pensar la lectura en términos de necesidad, con el paso del tiempo y cuando su hijo se haya forjado como un buen lector sabrá identificar entre leer por placer o leer para estudiar.

La lectura es un gusto propio, de goce, algo que no se nos imponga, pues no olvidemos que «el lector no consume pasivamente un texto; se lo apropia, lo interpreta, modifica su sentido, desliza su fantasía, su deseo y sus angustias entre las líneas y los entremezcla con los del autor. «Y es allí […] donde el lector se construye.» (Petit, 2008, pág. 28), Jorge Ibargüengoitia pensaba «que la única razón válida para leer obras literarias es el goce que nos entregan».

El querer explicar para qué sirve la literatura es adentrarnos en un debate tan amplio y tan valido en sus distintos parajes. Por lo tanto, lo importante no es buscarle la utilidad a un texto, por supuesto que se aprende de ello, como la ortografía, redacción, sintaxis, pero la realidad es que en muchos casos no se lee pensando en este beneficio: nos gusta estar inmersos en ese mundo que nos ofrecen; es por eso que el acto de leer debe ser libre, como se dice popularmente, por amor al arte, «leer tiene un carácter en gran medida extracurricular». (Argüelles, 2003, pág. 27)

Para iniciarnos en la lectura existen guías que nos introducen a ella: principalmente se cuenta con los profesores, luego tenemos en casa a los padres y por fuera los promotores de lectura, pero se debe siempre hacer notar que el promover la lectura o ser capaces de formar lectores potenciales no es nada sencillo; es una tarea ardua pues hay que saber distinguir el interés, gusto de cada persona y hacer que les atraiga el acto de leer; sobre todo uno no puede ser un formador de lectores si jamás ha sentido esa pasión por la literatura. Petit insiste que «para transmitir amor por la lectura, y en particular por la lectura literaria, es preciso haberlo experimentado».

El agrado por la lectura no es algo innato, es un hábito que se aprende y se desarrolla, por eso mismo se debe inculcar poco a poco; es totalmente contraproducente que se obligue a leer, que se asocie la literatura con el trabajo escolar; debemos entender que existe una distancia enorme entre la lectura literaria y la lectura escolar. Esta es una de las causas por las cuales México es un país de muy pocos lectores: «la escuela le ha hecho creer a todo el mundo que los libros se hicieron únicamente para estudiar, cursar y aprobar las materias a fin de sacar la carrera». (Argüelles, 2003, pág. 28). Otra de las grandes causas por las que no se lee en México es que se asocia a la lectura con el ocio, con la pérdida de tiempo y la holgazanería; comúnmente los padres les dicen a sus hijos que no pierdan el tiempo leyendo, que se pongan a hacer algo de provecho, pues siempre existe la duda con respecto a la utilidad de la lectura.

«Reyes creía que ‘sin cierto olvido de la utilidad, los libros no podrían ser apreciados’ mientras que Bruno Bettelheim y Karen Zelan […] investigadores de la Universidad de Chicago ‘recomiendan que la lectura sea entregada a los niños despojándola de todo concepto de utilidad de práctica y de discursos de enfadosa responsabilidad’, pues sólo así dicen, podrán interesarse realmente en los libros.» [3]

Para iniciar a un niño en la lectura es elemental que no se le censure, que lea lo que le apetezca leer, dejarlo que se apropie del libro, que sienta que es suyo, que puede adentrarse en la historia, dejar que la recree en la imaginación; «el poder mágico de la lectura es lo que les da su mayor atractivo a los libros ante los ojos de un niño» (Argüelles, 2003, pág. 32), darle el libro para que lea cuando él lo desee y lo relea si así lo quiere «para que un niño se convierta en lector, sabemos cuán importante es la familiaridad física con los libros, la posibilidad de manipularlos, para que esos objetos no lleguen a investirse de poder y provoquen temor» (Petit, 2008, pág. 35). Debemos evitar darle razones de que debe leer porque aprenderá mas, porque se hará más inteligente o culto, tratar el tema como divertido. Con el tiempo el niño irá tomando conciencia de los beneficios de leer. Una forma importante para desarrollar el gozo por la lectura en un niño, sin duda alguna es con el ejemplo

Petit cree que a aquellos a los cuales su madre les ha leído una historia cada noche tienen el doble de posibilidades de convertirse en grandes lectores que quienes apenas pasaron por esa experiencia.

«Los niños leen para alimentar y estimular la imaginación, no para aprender, […] si el acto de leer desarrolla muchas otras habilidades, ésta es una ganancia extra, pero nada hay peor que imponer la lectura para exigir habilidades. Es más se aprende a leer leyendo libre, […] despreocupadamente y no cuando se le ensaña a uno a leer para después imponerle la lectura. (Argüelles, 2003, pág. 41)» «si leer nos sirve para ser mejores, […] es algo que sólo sabremos en la medida en que leamos y en que reafirmemos el sentido de esta experiencia» [4].

¿Es posible leer en la escuela? Es una pregunta que resulta extraña, pues sabemos que una de las misiones de la escuela es precisamente enseñar a leer, pero con esto me refiero a, qué tanto hemos logrado formar lectores; este es un desafío que hoy enfrenta la escuela, «la desnaturalización que la lectura sufre en la escuela ha sido puesta en evidencia en forma irrefutable» (Lerner, 2011, pág. 116). Es necesario hacer de la escuela una comunidad de lectores, que comprendan los textos que se les presenta en ella, que acudan a la lectura en busca de respuestas y argumentos para defender una posición y sobre todo que la disfruten, busquen otros modos de vidas, aventuras y descubran nuevos mundos.

Lerner plantea que es necesario hacer de la escuela un ámbito donde la lectura sea una práctica viva y vital, donde leer sea un instrumento poderoso que permita repensar el mundo y reorganizar el propio pensamiento, donde interpretar un texto sea un derecho legítimo y una responsabilidad necesaria. Lerner sabe que esta tarea es difícil porque «los propósitos que persiguen en la escuela al leer […] son diferentes de los que orienta la lectura fuera de ella» (Lerner, 2011, pág. 27).

No resulta sencillo determinar cómo y cuándo aprenden los niños y al instaurar la lectura se presentan varias preguntas donde las repuestas no son evidentes: «¿Qué se aprende cuando se escucha leer al maestro? […] ¿Cómo acceder a las anticipaciones o inferencias que los niños presumiblemente hacen al intentar leer por si mismos un texto? ¿Cuándo puede decirse que un alumno a aprendido a recomendar libros o confrontar diversas interpretaciones?» (Lerner, 2011, pág. 28).

Resulta difícil contestar estas preguntas, pues la función del maestro es evaluar la fluidez y comprensión de la lectura, poniendo en primer plano los propósitos didácticos, dejando de lado otros propósitos como los comunicativos, tales como leer para conocer otros mundos o ver una nueva perspectiva del nuestro, siendo estos propósitos que quedan delegados los primordiales para formar alumnos lectores. «Si la escuela enseña a leer […] con el único propósito de que los alumnos aprendan a hacerlo, ellos no aprenderán a leer […] para cumplir otras finalidades» (Lerner, 2011, pág. 29). Para lograr que se lea en la escuela se deben conciliar las necesidades inherentes a la institución escolar, articular los propósitos didácticos con propósitos comunicativos que tengan un sentido actual para el alumno.

Para lograr que la lectura sea un objeto de aprendizaje y no solo de enseñanza debe tener sentido desde el punto de vista del alumno. Si se logra poner en primer plano el propósito de formar lectores competentes, sin la intención de controlar todo lo que los alumnos aprenden al leer, invitándoles y llevándoles a que gocen la lectura y la doten de sentido, entonces si será posible leer y formar lectores comprometidos en la escuela.

NOTAS

[1] Moreiro, 1996, pág. 15.
[2] Kropp, 1993, pág. 23.
[3] Argüelles, 2003, pág. 31.
[4] Argüelles, 2003, pág. 36.

BIBLIOGRAFÍA

Citada

Domingo Argüelles, Juan. (2003) ¿Qué leen los que no leen? El poder inmaterial de la literatura, la tradición literaria y el hábito de leer. México: ed. Croma Paídos.
Lerner, Delia. (2011). Leer y escribir en la escuela: lo real, lo posible y lo necesario. México: FCE. 3ª reimpresión.
Moreiro, Julián. (1996). Cómo leer textos literarios. Madrid: EDAF.
Petit,Michele. (2001). Lecturas del espacio intimo al espacio público. México: FCE.
Kropp, Paul. (1998) Como fomentar la lectura en los niños. México: Ed. Selector.
Moreiro, Julián. (1996). Cómo leer textos literarios. Madrid: EDAF.
Kropp, Paul. (1998). Cómo fomentar la lectura en los niños. México: Selector.

De consulta

Colomer, T. (2005). Andar entre libros: la lectura literaria en la escuela. México: FCE
Garrido, Felipe (2000) El buen lector se hace no nace. México: Ed. Ariel.
Ivan Illich, (1985). La sociedad desescolarizada. México. Planeta. Trad. Joaquín Mortiz.
Rosenblatt, L. (2002). La literatura como exploración. México: FCE.

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* Yunuen Eréndira Viera Guzmán es Licenciada en Letras Hispanoamericanas por la Universidad de Colima, campus Colima. Realizó una memoria de Investigación: Lo subversivo en la obra narrativa: “Eso no me lo quita nadie”, de la escritora brasileña, Ana María Machado. Y actualmente estudia la Maestría en Ciencias de la Educación en la Universidad del Valle de México campus Guadalajara Sur.

2 Responses to “EL ACERCAMIENTO DE LOS NIÑOS A LA LITERATURA”

  1. Damián Says:

    Me parece que es Felipe Garrido, el autor de “La lectura se contagia”.

  2. Nicolas Solop Says:

    Muy buen análisis de la adopción de la lectura en los niños!

    Felicitaciones por el trabajo realizado.

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