Otras Puestas del Ocaso. Un extremista en un descampado.

February 17, 2013 - 1:04 pm No Comments

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Por Marcelo Summo*

Adrián Yanzón nació el 20 de febrero de 1964. Formó parte de la banda de rock Los Pillos en los años 80, donde sus letras y su voz diseminaban oscuridad en el horizonte ecléctico y desaforado del grupo. Los Pillos editaron un único disco en 1987, hoy por hoy de culto e inexplicablemente aún sin su versión en CD. Después de la disolución del grupo Yanzón recorrió un largo camino en el cual, entre otras experiencias, se dedicó a aprender y tocar música celta y a escribir sin interrupción. Nunca dejó de incursionar en el rock.

Otras puestas del ocaso forma parte de una etapa de su vida, coincidente con los crípticos «noventas», años en los que la escena del rock no ocupaba el mismo espacio que en la década anterior, la literatura iniciaba un proceso de estancamiento y la política no resultaba un ámbito que invitase masivamente a comprometerse. En aquellos momentos de restauración conservadora, la poesía parece haber resultado para Yanzón un ámbito «protegido» lejos del mercado, el público y cualquier otro fantasma de la industria cultural burguesa.

Lejos de las históricas preferencias de la academia, los editores y la prensa especializada, la publicación de estos poemas —que son sólo una parte de su voluminosa e inédita obra— viene a cubrir una significativa brecha editorial, porque tanto la forma como el contenido de los textos resultan poco comunes, y porque además producen sensaciones extremas y significativos «efectos de realidad» en el lector.

Autodidacta de formación, en sus textos se aprecian sus lecturas fragmentarias, sesgadas, recortadas por el fuego de su pasión casi jüngueriana, y por su desesperada búsqueda personal plagada de preguntas y certezas dramáticas. Cargado de «declaraciones de principios» y portador de un individualismo extremo y provocador que coquetea con la misantropía, el trabajo parece por momentos una especie de «Manifiesto del Unabomber» en donde, de manera paradojal, aparece cierta ternura infantil.

La poesía de Yanzón posee un carácter polémico, puesto que en su estructura —filosóficamente romántica— priman la añoranza y la reivindicación de un supuesto pasado épico y bárbaro en dónde el instinto legislaba y se imponía por sobre la razón de los seres humanos. Anclado en el «desencanto del mundo» Yanzón escribe con fruición desde una posición de fuerte repulsa a todo lo que la modernidad y el capitalismo implican, con la violencia de un Sorel y con una marcada impronta vitalista de tipo nietszcheana.

En su trabajo con el lenguaje desecha prácticamente todo artificio y virtuosidad verbal en favor de expresar una exaltada y particular noción de justicia que se encuentra omnipresente en toda su obra. La angustia que le genera una época que rechaza y la sensación de agobio ante las relaciones con el otro contribuyen a cincelar de una manera artesanal una voz inconfundible e inclasificable dentro del panorama de la poesía actual.

Otras puestas del ocaso no debe ser leído en una clave orientada a la búsqueda de cánones estilísticos y de belleza, su valor y ulterior trascendencia no residen allí, sino en la brutal y tenaz interpelación que nace de contemplar el estado de decadencia civilizatoria que Yanzón denuncia y en el esfuerzo y la tensión poética que se suscitan en el lector al tratar de asimilar sus enunciados.

Incómodo y por momentos consternado, pero nunca desatento a sus imágenes y sus frases–látigo uno se ve obligado a preguntarse: ¿Yanzón se desdobla al escribir?, ¿cuál es el límite entre un acto de habla natural y uno de simulación en su poesía?, ¿es su propia voz la que habla o está produciendo otra que no necesariamente la representa?, ¿dónde está el límite entre vida y obra?…

Más allá de esas cuestiones, la obra de este autor que quizás se piense a sí mismo como el poeta–legislador de una patria futura resulta más que recomendable, porque con su sobrevaloración de la religión y del mundo de lo irracional Yanzón mantiene, casi a la manera de un Kierkegaard, la tensión trágica en el tren en marcha del optimismo secular–progresista.

Las jóvenes generaciones rebeldes e insumisas, tienen ahora al alcance de la mano la oportunidad de acercarse a un trabajo que venía circulando de manera caótica y subterránea. Exhumados por nosotros, y reeditados por Milena Caserola, ven nuevamente la luz los textos de un poeta único y controversial que tributa en los márgenes.

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* Marcelo Summo es sociólogo e historiador. Se desempeña como docente e investigador en varias casas de estudio. Fue colaborador en diversos medios alternativos y ejerció la crítica cultural. Ha publicado artículos en revistas académicas, capítulos de libros y dictado conferencias tanto en la Argentina como en el extranjero.

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