El uribismo, el santismo y los de-más que somos más

October 8, 2013 - 8:35 pm No Comments

uribsant

Por Johnny Jaramillo*

En un país como el nuestro, donde los remoquetes de la política se han convertido en familiares y ostentosas casas políticas, es bueno detallar que no siempre estas marcas políticas representan las mayorías ciudadanas. Es más, creo que nunca lo han hecho. Me tomé la tarea de buscar algunas cifras y en Colombia según las cuales la participación política en las cuatro últimas décadas no ha llegado, en promedio, a superar el 51% del potencial electoral.

En 2010 cuando se gritó «Yo vine porque quise, no porque me trajeron» y el Uribismo-Santismo era algo como un caballo de Troya —al cual había que montarle ligero alguien que lo dirigiera—, Santos alcanzó a juntar a su alrededor al hoy preso Andrés Felipe Arias (Uribito), a todos los uribistas y, por su puesto, al gobierno de su hoy peor amigo Álvaro Uribe. Para este momento la Registraduría Nacional del Estado Civil nos anunciaba la siguiente cifra: «29.852.099 colombianos podrán sufragar en 76.940 mesas, distribuidas en 10.376 puestos de votación»; los resultados de primera y segunda vuelta, dejan claro que las mayorías son la inmensa minoría, miremos los resultados.

Participación primera vuelta (49.27%)
Votos válidos: 14.573.593
Votos en blanco: 223.977
Votos nulos: 170.874
Tarjetas no marcadas: 37.553
Votantes totales: 13.296.924

Participación Segunda Vuelta (44.33%)
Votos válidos (13.061.192)
Votos en blanco (444.274)

De estas cifras, que como decía, la minoría de los que votamos elegimos presidente, podemos recodar que en la segunda vuelta el candidato de las «inmensas mayorías minoritarias», el hoy presidente Juan Manuel Santos, obtuvo del 43% de la participación, el 69% de los votos, logrando ser el presidente más votado de la reciente historia de nuestro país, incluso superando a su mentor el hoy expresidente Álvaro Uribe. El otro 31% restante de la participación quedó en el candidato Antanas Mockus con el 27.27% de los votos, el voto en blanco y los votos nulos, que juntos sumaron el 3.53%, estos últimos valientes son las minorías de las exiguas mayorías participativas de nuestro sistema democrático.

Según esto, el 51% que no participó en la primera vuelta y el 59.67% que no lo hizo en la segunda, dio a entender con su indiferencia, no lo que los analistas políticos interpretaron, sino lo que es. Nuestra gente es indiferente porque las camufladas mayorías partidistas y tradicionales de los uribistas y santistas no representan a los «demás que somos más» y están lejos de hacerlo, dadas sus peculiares formas de tratarse.

Los defensores de los otrora partidos fuertes, Liberal y Conservador, quienes hoy tienen poca representación líquida en la inmensa mayoría ciudadana, dirán que es normal que exista abstencionismo y tratarán de amilanar la no participación política, aludiendo conceptos tecnócratas y diciendo que lo que falta en Colombia es más cultura política; pero la realidad y como me decía un ciudadano de esos que no es ni santista ni uribista, sino realista, «que él no vota por que el gobierno siempre le quita más de lo que le da».

Ya que cada día la tecnología nos sorprende con nuevas aplicaciones y hablar con alguien en Canadá o Europa está a un solo pin o texteo por Whatsapp, ni la política colombiana ni sus políticos han entendido que las personas no giran alrededor de ellos y que inclusive los que no votan por ellos o se abstienen de participar electoralmente, lo que requieren es más hechos, menos peleas, menos afán de figurar, más afán por escuchar, más escenarios aptos para que el mercado genere empleo, libertad e igualdad de oportunidades.

Claro está que no podemos negar de ninguna manera  —lo que además seria actuar como las minorías mayoritarias— es que Uribe le dio fuerza a nuestro ejército, le imprimió confianza a la ciudadanía, que Santos es uno de los presidentes que más viviendas ha regalado, que tiene buenas intenciones de hacer la paz y brindar la oportunidad de mejorar nuestro sistema de salud; pero eso no quiere decir que los «demás que somos más», tengamos que claudicar en una secta uribista o santista, o hacer apología y rasgarnos las vestiduras por defender a uno o al otro.

Este país al que amo como a mí mismo, no puede seguir metido en personalismos políticos y creyendo que hay que defender la ideología de una persona; inclusive hoy los economistas más connotados del mundo nos han invitado a realizar combinaciones del sistema económico capitalista y socialista. Lo que nos deja intuir que sí podemos combinar diferentes sistemas económicos, podríamos combinar diferentes formas de pensar políticamente y los demás que somos más podríamos buscar una tercera vía, que nos represente y dirija el país a partir del 2015.

Por último cabe aclarar que la política no es un club de amigos y está hecha para disentir, pero con respeto.

_________
* Johnny Jaramillo es economista egresado de la Universidad de Medellín, graduado del programa Harvard Manage Mentor Plus. Escritor, columnista de Minuto30, conferencista y consultor en temas de coaching y PNL, motivación a empleados y desarrollo personal. Correo-e: jjaramillo71@hotmail.com

Comentar