El olvido es nuestra divisa

December 29, 2013 - 4:13 pm No Comments

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Por Juan Andrés Alzate Peláez*

Extrañamiento y olvido debería rezar el lema de nuestro escudo, en vez del desdeñado «Libertad y orden». No porque hoy efectivamente desconozcamos buena parte de nuestra propia historia, sino porque tal ha sido la esencia del ser colombiano desde que se fundó la Nueva Granada: la amnesia unida en insalvable coyunda con la ignorancia deliberada. Desconocemos nuestro pasado y las bases sobre las que se fundó nuestro país porque nos gusta ser así, porque somos un pueblo entregado a la banalidad de la opinión. Traeré, como ejemplo preclaro de ello, nuestro más discutido símbolo patrio: el escudo nacional. En las repetitivas y vacuas discusiones sobre si se debe cambiar en todo o en parte, lo único que sobresale es la pérdida de la memoria histórica tanto de nuestros flamantes legisladores como de nuestro fulgente pueblo raso. Asimismo reluce otro elemento que amerita ser reconocido como parte de la identidad nacional, a saber, la pobreza de pensamiento. Todas las discusiones que he conocido alrededor del mencionado símbolo patrio no pasan de ser conjeturas sobre lo que puede significar determinado elemento y lo que podría reemplazarlo con mayor fuerza y efecto significativo.

La discusión por un símbolo no es la discusión por una convención sin más, es la discusión, en últimas, por la identidad. De allí que siempre resulte indigno de una institución como el Estado, y del pueblo colombiano en general, confundir un símbolo patrio con una especie de logotipo o marca empresarial. No es ese el sentido ni la finalidad de esta clase de símbolos. Lo grave es que haya quienes piensen así y crean que sus ideas chapuceras de símbolos patrios son mejores. Es que en un país pluricultural y plutriétnico es una pretensión irreal querer que una sola cosa represente a todos. Es como pretender que un elemento del conjunto los reemplace a todos, cuando aquí aplican otras figuras retóricas (un símbolo bien puede ser un conjunto de figuras retóricas, por qué no). Pasa como con los mapas, sólo dan una idea de lo que representan, pero el único mapa que podría representar con toda fidelidad aquello que representa es aquel que tenga el mismo tamaño del territorio representado. Los que leen sin pensar mucho me van a condenar a la hoguera por lo que voy a decir, pero el escudo de un país debe representar al Estado, no al pueblo.

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Los que optan por recoger objetos comunes que representen al todo, buscan crear una especie de sinécdoque. Esa es la salida fácil, la de la pobreza de pensamiento que ya he mencionado. Pero cuando lo que se busca es crear un símbolo, en el sentido más antonomástico de la palabra, estamos en el grado de las figuras de pensamiento y aquí la complejidad es doble. Recuérdese, los símbolos son cosas materiales (no necesariamente reales, como un grifo o un dragón) que evocan elementos espirituales o imaginarios. Para el caso de nuestro escudo, esos elementos son los ideales, virtudes y principios con  que, quienes fundaron nuestra nación, quisieron dotarla.

Comencemos por aclarar (por si no ha quedado claro) que los símbolos son convencionales y no naturales, como son los signos. Todos podemos convenir en que una balanza es símbolo de la justicia, o una paloma símbolo de la paz, pero no podemos decidir arbitrariamente que la fiebre bien puede ser signo de otra cosa diferente a un proceso infeccioso, por ejemplo. Los símbolos patrios son meras convenciones, y como tales, pueden ser discutidos, lo que no puede discutirse es su función comunicativa.

Otro asunto que deberíamos tener claro es que el hecho de que el escudo represente a la nación, no es sinónimo de que «debe» recoger, como en un resumen visual, a la nación. Ese es el primer gran error en la discusión sobre el significado de nuestro escudo, que se cree que todo se reduce a una elección popular o a la declaración de una mayoría. Si yo fuera un argumentum ad populum, Colombia sería mi paraíso. Nuestro escudo no representa cosas, lo repito, no representa cosas, representa ideales, y eso es lo que lo hace ser un símbolo tan elevado y lo que lo diferencia, por ejemplo, de una señal de tránsito. Declarar lo obvio es lo propio de la gente poca de entendimiento (los que sean docentes me entenderán), reconocer el sentido de las cosas es lo propio de la gente prudente. Un letrero en la vía que dice «Pare», indica que hay que parar ¿Pero, y el escudo de Colombia qué indica? Indica sencillamente cuatro cosas:

Que nuestro país está construido sobre principios de libertad, progreso, independencia y unidad.

¿Cómo saberlo? Revisemos sus elementos.

1) El Cóndor, por muy en peligro de extinción que se encuentre, y por más que sea una ave de carroña, es, con mucho, una muy buena forma de representar la libertad. Según el mito inca, esta ave es inmortal y es la encargada de alzar con su fuerza el sol cada mañana para que comience el día. Esta ave recoge en su personalidad la fuerza y la inteligencia de los hombres libres.

2) La corona de laureles que lleva en su pico es convencionalmente símbolo de la victoria. En este caso podemos interpretarlo como la victoria de la libertad (el cóndor) sobre el yugo español.

3) El primer tercio del escudo presenta una granada abierta, en recuerdo del primer nombre de nuestro país «La Nueva Granada», y dos cornucopias que resaltan algo que no es secreto para ningún colombiano: que vivimos en un país dotado de enormes riquezas naturales. Esta riqueza y abundancia son la base del progreso. Recordemos que el escudo fue diseñado por personas fuertemente influenciadas por la ilustración, donde tal concepto, el de progreso (intelectual, moral y material), era fundamental.

4) El segundo tercio, lo especifica la ley 3 del 9 de mayo de 1834, es de platino, «un metal precioso que es propio de este país». En él se encuentra un gorro frigio sostenido por una lanza. Este, de nuevo, es símbolo de la libertad, más específicamente, de la lucha (la lanza) por la libertad. Esta sencilla faja representa el espíritu de la República, el de la independencia y libertad.

5) El tercer tercio es el más discutido, y en él me detendré un poco más. ¿Qué hace el Istmo de Panamá en el escudo de Colombia? Lo mismo que Poncio Pilato en el Credo, dirán algunos. Pero la presencia de este elemento tiene una fuerte razón de ser. Hasta ahora no he visto el primero que la haya mencionado.

Recordemos que cuando se elaboró el escudo, estaba en boga el tema del Canal de Panamá; pero Panamá aún era parte de Colombia. Esta particularidad ha llevado a cierto mal entendido. Al punto que muchos creen que es una especie de declaración colonialista. Pero nada de eso.

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Es cierto que la misma citada ley 3 de mayo de 1834 hace una declaración que se presta a la malinterpretación: «En la inferior llevará el Istmo de Panamá de azul, los dos mares ondeados de plata, y un navío de negro con sus velas desplegadas en cada uno de ellos, lo que indicará la importancia de esta preciosa garganta, que forma una parte integrante de la República». Que Panamá es importante para Colombia, desde el punto de vista táctico, por ser el puente entre los dos mares es algo de todos conocido. Pero nótese que el texto de la ley no deja claro por qué es importante, eso lo hemos deducido del contexto político. El Istmo de Panamá es importante por otra razón simbólica más interesante.

¿A alguien le suena el «Congreso Anfictiónico de Panamá»? Con seguridad a nuestros actuales padres de la patria, no. Nuestro Libertador, conocedor como era del poder de los símbolos, en recuerdo de la liga Anfictiónica de Grecia, quiso realizar un acto que consolidara su soñada unidad. En la antigua Grecia el Istmo de Corinto representaba la unidad del pueblo griego (pues dicho brazo de tierra une el Peloponeso con Jonia y Beocia). Eso mismo quería Simón Bolívar que fuera el Istmo de Panamá para los pueblos americanos, un símbolo de unidad. Cito la Carta de Jamaica: «Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo en una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; […] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!»

Así pues, el Istmo de Panamá en nuestro escudo representa, ni más ni menos, que la unidad tan soñada por nuestro Libertador y tan despreciada por nuestra memoria.

Resumiendo:
El Cóndor representa la libertad .
La primera faja representa el progreso (riqueza y abundancia del suelo colombiano).
la segunda faja representa el espíritu de la República (la independencia y la libertad).
La tercera faja representa la unidad.

Los elementos formales de nuestro escudo pueden cambiarse, estoy abierto a ello. Eso sí, que nunca sea el argumento la afirmación de que no existen en nuestro país tales elementos, pues argumento semejante no pasa de ser un rebuzno. A lo que me opongo férreamente es a que se desdibujen y se olviden los elementos espirituales que estos símbolos representan. La libertad, la justicia, el orden, la independencia, el progreso, la unidad, se pueden representar con otros elementos, pero poner nuevos objetos en su lugar cambiando su significado (por un acto descarado de desconocimiento) y quitándoles su profundidad simbólica es un crimen, cuando no un parricidio. En ese sentido, entiéndase bien, me opongo a que se cambie un sólo ápice de nuestro escudo nacional.

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* Juan Andrés Alzate Peláez es licenciado en filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín) y candidato a doctorado de la misma universidad. También es editor de www.revistacronopio.com

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