Del pragmatismo y las campañas políticas

May 24, 2010 - 12:39 pm No Comments


Por Juan Manuel Zuluaga Robledo

En medio de los juegos continuos de la campaña electoral hacia la Presidencia y de los juegos maestros de alfiles y caballos en el actual ajedrez político del país (advertidos en los medios de comunicación en los últimos días), se hace pertinente traer a colación algunas ideas extractadas del “pragmatismo político” y su relación directa con el arte y la política, cuestiones de las que tanto disertó Richard Rorty, una de las figuras intelectuales más preponderantes de los círculos académicos norteamericanos en la segunda mitad del siglo XX. Debe quedar claro que “pragmatismo político” no es sinónimo de candidatos que mutan de piel cada día dependiendo de los vaivenes de las conveniencias.

A propósito de estas cuestiones, Richard Rorty siempre hizo una especie de revisionismo histórico y en su obra influyó enormemente los círculos literarios, filosóficos y los magazines académicos de la cultura norteamericana desde la década de los 50 hasta su muerte ocurrida hace pocos años. Fue un pensador profundo —sin florituras y sin lenguajes rimbombantes— y forjador de un análisis pertinente sobre la relación problemática entre la izquierda, el arte y la política.

El presente actual evidencia una crisis honda en las concepciones políticas y programáticas de los partidos colombianos y en la forma de ejercer la política. Eso se ha discutido hasta la saciedad. Tal como ha sucedido en los países desarrollados, este ambiente de crisis ha llevado a que los artistas cuestionen la cruda realidad a través de obras maestras. Qué decir de Picasso y su Guernica, de las geniales composiciones de Bob Dylan en medio de los fragores de la Guerra de Vietnam y de García Márquez y sus interpretaciones estéticas y literarias de la matanza de las bananeras. Ahí podemos contemplar vanguardias.

¿Dónde están nuestros artistas actuales? ¿Sólo nos conformamos con observar la apología hecha a Marbelle emitida en un canal privado en estos días? ¿El arte colombiano se quedó corto para interpretar los hechos actuales en los que se hace preciso escoger a nuevo estadista?

Dicho de otro modo, Rorty en su famoso texto Pragmatismo y Política, pone el ejemplo del ensayo La presente era de conformismos escrito por Irving Howe. Éste autor norteamericano pone de manifiesto una interpretación muy particular sobre el arte y la literatura de autores y artistas de renombre como James Joyce, Marcel Proust, Pablo Picasso o Henry Matisse, que, según el fundador de la revista Dissent, idearon sus obras en diversos momentos de crisis del hemisferio occidental.

“Descubrir términos y modos formales que pudieran asegurar los logros obtenidos, insistir entre los artistas aceptados del pasado, esa fue la tarea de esa vanguardia”. Este es uno de los elogios prodigados a estos artistas que surgieron en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. Y no falta decir que para Howe, dichos artistas representaban un verdadero cambio social y configuraban una verdadera vanguardia —no una retaguardia de miserias— que eran muchos de los temas que se convirtieron en arte.

¿Pero para Rorty constituyen una vanguardia? Yo creo que si. Ese grupo de artistas literarios y pictóricos, constituyeron una significativa vuelta de hoja en la historia de occidente. Fue igual de importante al producto artístico de este contexto que el ideado en siglos anteriores o el que llegó en épocas venideras. Constituyen una buena representación de la crisis de la modernidad que también araña de manera profunda a Colombia.

Ahora quiero pasar del arte al mundo político y de las ideas. Las enseñanzas históricas de este periodo de crisis, demuestran que en los países azotados por la crisis y las miserias de la guerra, tienen un desfase enorme frente a las potencias del G7 y algunos países en vía de desarrollo que gozan de buenos márgenes de educación, calidad de vida, confort y una relativa estabilidad de la clase media. “Mientras Europa se preocupan sobre cómo ir más allá del capitalismo, gran cantidad del resto del mundo espera avanzar hasta el feudalismo”, aseguró Richard tajantemente en una de las líneas de su ensayo “Movimientos y Campañas”.

En ese contexto, se pueden traer a colación la crisis de los movimientos y las ideologías. Para Richard Rorty, los movimientos son cuerpos grandes, informes, que no logran analizar las particularidades de los hechos. Se sustentan y se dirigen en la literatura, la historia y la filosofía y en la actualidad padecen de desprestigio, porque muchos de ellos son incapaces de moldearse a una realidad cambiante y acelerada como la que vivimos.

En ese orden de ideas, las ideologías se vuelven “a-políticas” porque la política deja de cumplir su función para tornarse en un cuerpo enorme de teorías y sustentaciones sobre hechos irrelevantes de la historia de la humanidad. El pragmatismo político me parece pertinente cuando retoma lo mejor de cada movimiento de manera ecléctica: soy católico pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con todo el cuerpo doctrinario de la Iglesia Católica. Me gusta mucho la canción social latinoamericana y la Nueva Trova Cubana, pero eso no quiere decir que apoye las actuaciones de un dictador como Raúl Castro.

El autor aboga mejor por la creación de campañas. Una campaña tiene objetivos claros, trabajo con periodos de tiempo determinados para poder evaluar las cosas y determinar sí realmente hubo éxito o fracaso. Tocan temáticas claras y no tan inabarcables como lo hacen los movimientos. En una campaña honesta y limpia se puede hablar por ejemplo del buen manejo de la información que se puede presentar en la actual carrera hacia la Presidencia y ser tratadas en un contexto preciso. Sin necesidad de tocar dichas temáticas desde una perspectiva de movimientos, como bien lo podría realizar el comunismo, el liberalismo y otros vastos “ismos”.

En síntesis, se pueden inferir que muchas veces, los movimientos condenan al silencio y a la postración a sus militantes, puesto que no permiten el disenso y la aparición de otras miradas disímiles, incluso basadas en su propia filosofía. Hay que aferrarse al genial arte de crear buenas campañas como decía el escritor estadounidense, sin abandonar la idea de la trascendencia del ser humano y su pluralismo.

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