Ese elefante que se llama Psicología

January 27, 2011 - 6:15 pm 2 Comments

Por Moisés Mebarak*

Nuestra realidad casi no permite los textos libres para los académicos, a menos que se nos ocurra crear un blog, o escribir un libro. Es agradable tener un espacio que permite escribir casi en completa libertad. Digo casi porque siempre tenemos alguna restricción que viene de nosotros mismos.

El mensaje del mundo actual para los investigadores en psicología, en términos generales, es este: Ya no se puede estar especulando en los escritos. Lo que no se sostiene con citas, es pura especulación. Hay que dejarlo de lado. Cada vez está más claro qué resulta eficaz y qué no.

Los estudiantes deben acostumbrarse a no especular. Ahora si a una persona se le ocurre que un niño choca dos trenes, esto está relacionado con el posible embarazo de su madre, o cualquier concepto psicológico que quiera traer a la luz, debe al menos exponerlo de alguna manera bajo los principios de la investigación formal. Esto es sano para la academia. Es sano que existan las revistas científicas. Obligan a los controles.

Una profesión como la mía, la psicología, ha encontrado grandes resistencias a esta forma de pensar la investigación. Algunos piensan que limitan la creación de los genios. Pero pienso que obliga también a los genios a ser más responsables con lo que escriben. En nuestra profesión, hay grandes contribuciones pero también hay quienes escriben mucha basura. Hay mucho inescrupuloso que escribe chambonadas. Hay que saber diferenciar los textos científicos de los que no lo son. Un buen psicólogo debe tener cierta capacidad de análisis crítico con miras a este reconocimiento.

Nuestra profesión se basa en comprender las razones y el por qué del comportamiento humano. Es el fondo de la cuestión. Es su objetivo, ese intento mil veces fallido. Es lo que nunca se logra por completo, de lo que solo se tienen aproximaciones. Es la grieta que no se termina de cerrar.

Pero digamos, que lo intentamos permanentemente, y cada día que pasa avanzamos un poco más en esa comprensión y en la medida que avanzamos nuestros caminos se tropiezan, con otras damas de igual importancia: la antropología, la filosofía, la medicina, y quién lo creyera, hasta el arte, entre otros.

Ahora, dejando de lado el camino intrincado e interminable de la interdisciplariedad que el mundo exige en estos intentos reiterados de comprensión, podemos apreciar cómo en la psicología existen diversos enfoques o formas de entender el comportamiento humano.

Muchos psicólogos, de hecho la gran mayoría, tradicionalmente se volvían expertos en un solo enfoque y se dedicaban a el toda su vida. Esto mismo ocurre en otras ciencias, tales como la filosofía. En Buenos Aires conocí uno de estos doctores, una eminencia tratándose del conocimiento Hegeliano. El hombre cuando nos habló llevaba más de 30 años estudiando la obra de Hegel. El mundo también necesita personas así.

No obstante, si tomamos todo lo que podemos sobre un tema independientemente de los enfoques de la psicología, y revisamos simplemente lo que presentan las investigaciones, seremos mucho más ricos a la hora de abordar cualquier tópico en particular. Pero esto nos puede traer un problema, podemos perder el rumbo, si no tenemos clara nuestra teoría de base, a menos que estemos efectuando revisiones generales de temas.

Cuando se va a escribir algo en psicología, hay que tener claro el paradigma desde el que se escribe.

Uno de los problemas grandes que tenemos actualmente es que estos paradigmas por si mismos envuelven grandes limitaciones cada uno, pero si de alguna manera todos estos conocimientos pueden complementarse, y organizarse adecuadamente, podrán enriquecer la psicología enormemente.

Es el caso antiguo de la fábula. (ya no recuerdo si era Esopo o Samaniego) que cuenta que un señor mayor en cierta ocasión preocupado por las permanentes peleas de sus hijos, los puso a cada uno de ellos a romper un grupo de pedazos de madera, unidos todos por un lazo.

Todos los hijos lo intentaron uno por uno, y ninguno pudo, el viejo luego, los separó y uno por uno los fue rompiendo. La enseñanza era clara. Mientras permanecieran unidos los hermanos serían fuertes, y nada podría pasarles, pero si cada uno tomaba un camino diferente, les podía pasar como a los palos, se romperían todos.

La Psicología Clínica la imagino como esa madera, hay que juntar los trozos y amarrarlos con un lazo. Lo más complicado en nuestra profesión es fabricar ese lazo. ¿El problema es que el lazo debe tener una textura dinámica, fenomenológica, cognitiva, u otra diferente?

Alguna vez un excelente psicoanalista que tuve la oportunidad de conocer personalmente, dijo en alguna conferencia que la psicología era como un gran elefante: algunos lo agarraban por la cola, otros por los pies, otros por la trompa, y todos están ciegos y piensan que agarran al elefante. Todos han tomado solo una parte, pero el elefante sigue ahí, muy tranquilo. La cuestión es que todos están convencidos de agarrar al elefante, y de alguna manera pienso que lo tienen.

Si por ejemplo estamos estudiando el Autismo, y para su comprensión solo nos apoyamos en los estudios de Frances Tustin, sin tomar en consideración aspectos genéticos o de neurociencias, que apuntan a generar conocimiento del tema, quedamos limitados. Si no tomamos en consideración los avances desde otros enfoques sobre la comunicación de estos niños, como por ejemplo la Teoría de la Mente, desde la psicología cognitiva, estaremos limitados en nuestras apreciaciones.

Si trabajamos con niños, y diversos autores nos brindan técnicas dinámicas como la Técnica de Winnicott del dibujo, que facilita nuestro trabajo con niños muy reservados sobre todo, ¿por qué no usarla? ¿Por qué trabajamos con otro autor? Son temas a considerar.

Sé que esto que escribo es controversial y puede levantar polémicas y desacuerdos. De eso se trata. De levantar la tierra que esta húmeda bajo nuestros pies.

Cuando trabajamos en psicología se espera que nos pongamos un manto de un enfoque. Si revisamos lo que hay en investigación de todos los temas, no nos ponemos ningún manto, ningún ropaje, «no nos mojamos por nada». Sí, pienso que hay que ponerse un manto, pero también ver el horizonte hasta donde se pueda.

Son inquietudes dentro de mi profesión; sobre para dónde vamos, en este trabajo no tengo verdades, solo inquietudes, ya «verdades» hay demasiadas escritas.

Cuando Stephen Hawkings escribió la Historia del Tiempo —la versión para legos—, si mal no recuerdo y mi memoria no me falla, terminó con más preguntas que respuestas. Las cosas están demasiado claras últimamente, creo que es momento de dudar nuevamente y de hacernos más preguntas, aunque esas preguntas generen un poco de angustia.

__________
* Moisés Mebarak es Psicólogo Clínico. Profesor e investigador de la Universidad del Norte de Barranquilla.

2 Responses to “Ese elefante que se llama Psicología”

  1. Mauricio Estrada Isaza Says:

    Buen artículo, estoy completamente de acuerdo con el autor. La mente humana, el ser humano, es algo demasiado complejo para pretender abordarlo desde un único punto de vista.

  2. edira perez failach Says:

    El hombre al igual que la tecnologia es cambiante en muchos aspectos, ya que vivvimos adaptandonos a los constantes cambios y por ende deben existir muchas teorias explicando los diferentes cambios. concuerdo totalmente en la diversidad de enfoques para entender un comportamiento, no solo una postura es capaz de explicar un fenomeno por si mismo, hay que tener en cuenta multiples puntos de vista, para eso nacieron las diferentes ciencias. creo que al tratar de comprender y explicar comportamientos del ser humano con una corriente psicologica especifica seria tener vision de tunel, hay que abrir el obturador de la imagen y asi poder tener una mejor y mayor comprension de el porque del comportamiento del ser humano.

Comentar