Rating Sangriento

September 18, 2009 - 4:28 pm 1 Comment

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Por Juan Manuel Zuluaga Robledo

Es un hombre de rasgos toscos, de pinta ordinaria. Es el prototipo del típico vago de cafetín y cantina, de mirada abyecta y perdida en el aire. Ese tipo de personas cuya única opción en la vida es emborracharse en antros de mala muerte, echarle monedas a esos traga níqueles platinados, de música lastimera y estridente que tal pareciera que operaran eternamente al lado del mostrador.

Esa vida desordenada y su figura de malandrín de barrio –estilo Pedro Navaja– no podía disimularla con elegantes corbatas  y vestidos fabricados a su medida por sastres de ricos.   Antes de su ascenso a las altas esfera del poder en Manaos, emblemática ciudad de la amazonía brasileña, Wallace Souza mutó de pile y empezó a ejercer el oficio de periodista. En el pasado fue un policía corrupto, acusado de tráfico ilegal de gasolina y fraude.

¡Periodista!  Así era como se autodenominaba este personaje. Sus oscuras intenciones y su máscara de espectacularidad solo quedarían destrozadas por estos días, luego de cometer atrocidades durante muchos años.

Souza en realidad era un carroñero de mala muerte que transmitía por la televisión, en directo,  imágenes sensacionalistas de cuerpos abaleados y sanguinolentos que supuestamente eran ultimados por sicarios de la región.

A través de morbo e imágenes truculentas, Souza se convirtió en una especie de Rey Midas de las telecomunicaciones amazónicas y sus transmisiones eran sinónimo de oro. Entonces comenzó a facturar millones y millones de reales.

El hombre era reconocido por muchos como una especie de mesías, un salvador social que ponía sobre el tapete los graves problemas de inseguridad y de orden público en una de las regiones naturales más ricas del mundo.

Micrófono en mano y seguido por su camarógrafo, se acercaba a los cuerpos abaleados y comenzaba la transmisión: “huele a churrasco… seguramente se trataba de un ajuste de cuentas”, sentenciaba con sorna. Se hacia llamar periodista, se hacia llamar el redentor de los pobres.

En los últimos años fue concentrando poder en sus manos, era calificado como un héroe y en las últimas elecciones para diputado resultó elegido con el voto de vastas mayorías.

De repente, la policía local comenzó a sospechar de sus actuaciones. Empezaron las pesquisas y las investigaciones. Surgió un testigo: Moarcir Moa Jorge Da Costa, ex militar retirado, cincuentón, aseguró que Souza lo había contratado para asesinar a alguien, con la finalidad expresa de cubrir después el asesinato, con su grupo de camarógrafos y luminotécnicos.

Vale la pena traer a colación a Mario Vargas Llosa, quien analizó este truculento asunto en su columna Toque de Piedra de El País de España. Allí ofrece una visión diferente del asunto: “La investigación produce este pasmoso resultado: Desde el punto de vista  ético ¿Cómo juzgar a Wallace de Souza? Es imposible negar que tenía una conciencia profesional desmesurada. Delinquió, sí, pero con la noble intención de servir a su público, de no defraudarlo, de seguir administrándole aquel horror sanguinario que era su alimento preferido, lo que llevaba a todo Manaos a prender el televisor  y buscar Canal Libre con la ansiedad con que escarba su cajetilla el fumador o se lleva a la boca el licor el alcohólico”.

Ahora todo es periodismo. ¡Brutal equivocación! Qué tan equivocados están aquellos que lo observan  bajo esa óptica. El periodismo debe dar cuenta de aquello que afecte lo público. Se ejerce esa labor en medio de la periodicidad propia del oficio más hermoso del mundo, tal como lo definió en cierta oportunidad Albert Caumus.

Cuando suceden asesinatos, torturas y vejámenes contra los derechos humanos, el periodista debe utilizar un  estilo apropiado, bien redactado, con buen bagaje intelectual, sin caer en la tendencia de un lenguaje empobrecido. Sin entrar de lleno en el primerísimo primer plano de vísceras y cuerpos calcinados.

A muchos colegas les dio por pensar que para narrar todo tipo de hechos –incluidos los judiciales– se debe utilizar un lenguaje estándar que la inmensa mayoría entienda y que además tenga clara tendencia amarillista.

He ahí la famosa declaración del escritor Carlos Fuentes cuando afirmó que “los medios de comunicación actuales sufren de una especie de pauperización del lenguaje”.

Eso supone que el grueso de la población tiene inactivas las neuronas y que no tiene la capacidad suficiente para comprender una crónica sabrosa, bien escrita, ecuánime y respetuosa con los lectores y con los personajes reales que retrata en el papel o en el video, ya sean víctimas o victimarios.

Ahora hasta los medios de comunicación tradicionales les ha entrado la impertinencia de justificar los postulados del llamado periodismo popular, asegurando que es uno de los medios más idóneos de acercamiento mediático para narrar con exactitud y rigurosidad, los acontecimientos que ocurren cotidianamente en las calles o en los lugares donde habitan las clases menos favorecidas.

De esa manera, defienden su aplicación. Sin embargo por detrás está latente una verdad apabullante: ante la crisis económica de los periódicos y de algunos medios televisivos, el periodismo ejercido por personajes como Souza se torna cada vez más común.

Una narrativa, unas películas acaloradas que hablan de muertos, masacres y niños huérfanos, son ahora el pan nuestro de cada día.  Está de moda narrar la vida de psicópatas que matan a sus victimas, en medio de ataques de celos  o simplemente porque no son correspondidos, a lo largo de  tramas en las que el propio Tarantino quedaría escandalizado.

Para algunos propietarios ambiciosos, Souza  se traduciría como un remedio de tipo económico, un paliativo para solucionar el problema económico de la crisis actual. Sería la panacea para contrarrestar la reducción de ventas y suscripciones que reportan los medios tradicionales escritos. Situación de la que no se escapan tampoco los medios audiovisuales y televisivos.

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One Response to “Rating Sangriento”

  1. Isabel Says:

    Que pobres de cerebro se han vuelto muchos hoy en dia, satisfaciendo sus gustos con lecturas,imagenes y programas de television dedicados a un espectaculo para amarillistas…

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